Amós 9.1-7

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| September 24, 2018

Nuestro Dios ha dicho:

«Para mí, ustedes los israelitas
no son diferentes a otros pueblos:
a ustedes los saqué de Egipto,
a los filisteos los saqué de Creta,
y a los arameos los saqué de Quir.

Amós 9.7, Traducción en Lenguaje Actual

Desde este punto de vista no se puede menos de decir que la Encarnación de Jesucristo guarda analogía con la creación. Una vez más, Dios actúa como creador, pero ahora no crea de la nada, sino que entra en escena y crea dentro de la creación un nuevo comienzo, tanto de la la historia en general como de la historia de Israel en particular. Dentro de la continuidad de la historia humana, ahora se hace visible un punto en el que Dios mismo se apresura a socorrer a la criatura y se hace una sola cosa con ella. Dios se hace hombre. Así comienza esta historia.

Karl Barth

Dios actúa en la historia, no fuera de ella

La gran premisa con que trabajaron los autores de los textos sagrados a la hora de plantarse frente al pueblo ante quien debían dar testimonio de la realidad del pacto de Dios con él era que éste mantenía una relación activa con la historia. Porque si es verdad que desde el momento mismo de la creación de la humanidad otorgó la libertad para moverse en ella, el encuentro con él estaría marcado siempre por una dinámica de interacción entre ambas libertades, la humana y la divina. También es verdad que algunos niegan que la intervención Dios en la historia humana respete la libertad humana y hasta hay quienes, incluso desde el campo de la fe, se atreven a desligar las realidades humanas en general (sociales, económicas, políticas, culturales) de cualquier interés divino en influir sobre ellas. Como si la indiferencia hacia lo humano fuera una de las características predominantes del Dios cristiano. Tendríamos que estar hablando, en todo caso, de otro tipo de divinidad, no del Dios de la Biblia. Pues Él, en la encarnación humana de Jesucristo manifestó y sigue manifestando una auténtica pasión, un celo, un acompañamiento hacia algunas causas y luchas que merecen alcanzar su plenitud dignificadora y anunciadora de la presencia de su Reino en el mundo.

De otra manera estaríamos, una vez más, ante la “proclamación negativa” de un “Dios a-pático”, es decir, de un Dios que se niega a padecer o a vivir intensamente los sucesos que acontecen en el devenir complejo y muchas veces contradictorio de la existencia humana. Y es que, para empezar, la misma doctrina bíblica de la creación es una muestra de cómo Dios quiso hacerse presente de otra manera en el comienzo mismo de la historia. Porque no debemos olvidar que toda afirmación sobre los orígenes de un pueblo o de una cultura, mientras más universal sea, contiene un potencial más liberador para la comprensión del papel de esa comunidad en el mundo. De esta manera, la creencia en un Dios que creó todas las cosas, comenzando con el cosmos, coloca a la fe bíblica en un plano de acercamiento global a la humanidad. Sin olvidar que, en efecto, al centralizar en un pueblo la elección divina, este enfoque tendría que aterrizar en una mirada que tomara en cuenta a todos los seres humanos.

Dios actúa en la historia dirigiéndola en medio de las tendencias que buscan centrar la atención únicamente en los espacios comunitarios reducidos que producen espiritualidades sectarias con escasa vocación de diálogo y de transformación. Así, es posible, hablar de cómo desde el Antiguo Testamento se luchó por establecer una religión contraria a los ídolos que no se dejase dominar por los impulsos del momento y que no endiosara a los poderosos de turno. Se trataba de seguir viendo a Dios como el autor, dueño y conductor de la historia (Rui Manuel Grácio das Neves, teólogo portugués nacido en 1955). Esta visión advierte que Dios propicia los esfuerzos humanos para superar las espiritualidades ajenas a las necesidades materiales humanas y para hacer que la práctica derivada de esa religión libertadora tenga los resultados que Él desea.

Dios se compromete con los procesos sociales

…el Dios infraestructural conduce a la lucha, parte de la lucha, siempre con una finalidad concreta: la construcción del pueblo. Como exclamaba el párroco José María Morelos, el Espíritu Santo “sacó la venda de nuestros ojos y transformó la vergonzosa apatía en que yacíamos en una beligerante y terrible furor”.

R.M. Grácio das Neves

Amós cap. 9 da testimonio de cómo en un momento crítico de la historia de Israel, el siglo VIII a.C., cuando la asimetría entre clases sociales hacía mella en el pueblo, existió la conciencia de que Dios había dirigido, estimulado o acompañado diversos procesos libertadores. La negativa a reconocer las acciones de Dios a favor de otros pueblos siempre fue un signo de incomprensión hacia la universalidad con que Dios se comportó en la historia. Con demasiada frecuencia, el interés de los dirigentes religiosos y políticos de Israel consistió en hacer creer al pueblo que su carácter de comunidad elegida los hacía superiores a las demás naciones y culturas. Dura es la forma que el propio Dios utilizó para aclarar que su amor rebasa las fronteras y que va más allá de la mera contemplación de las necesidades de los demás pueblos. Las palabras del profeta anunciaron, al mismo tiempo, un juicio a la tendencia a sentirse los únicos poseedores del apoyo sagrado (2.4-16) y la posibilidad de ser redimidos si hay arrepentimiento.

Por todo ello, la respuesta de la clase sacerdotal contra Amós fue brutal (7.10-17), pues atentó contra varias de las seguridades institucionales aceptadas por todos (H.W. Wolff). ¿Cómo se comportó Yahvé ante los procesos populares del propio Israel? ¿Tomó partido alguna vez? Lo hizo, por ejemplo, cuando una fracción del pueblo decidió romper con la descendencia de David, al final de la vida de Salomón y cuando Roboam mostró una enorme insensibilidad. El grito popular: “¡No tenemos nada que ver con David, el hijo de Jesé! ¡No queremos que su familia reine sobre nosotros! ¡Volvamos a nuestras casas, israelitas! ¡Que la familia de David reine sobre su propia tribu!” (I Reyes 12.16) fue respaldado por Yahvé en la figura de un profeta que acompañó la resistencia. A fin de cuentas, si Él ha tomado partido tantas veces, ¿quiénes somos nosotros para dejar de arriesgarnos en nombre de falsas ideas y conclusiones apresuradas?

Conclusión

¿Cómo estuvo y está presente el Dios de Jesús en los procesos y luchas populares de hoy? Es evidente que la apuesta divina ante los procesos históricos humanos está marcada por el hecho de que “Él nunca se equivoca” en sus preferencias. Esto, a diferencia de los seres humanos quienes, debido a la complejidad y las contradicciones inherentes a los procesos mismos y a la falta de visión de las situaciones presentes enfrentamos los riesgos de fallar y responder de manera errónea. No obstante, existe siempre la posibilidad de acertar y conectarse, así, con la voluntad divina de avance y consolidación de los cambios requeridos para “mantener como verdaderamente humana la presencia de sus criaturas en el mundo” (Paul Lehmann [Estados Unidos, 1907-1994], notable experto en ética).

Si el Dios predicado por Jesús se ha comprometido con las luchas humanas, también sus seguidores redimidos pueden hacerlo a partir de una comprensión mínima de las coyunturas entre las cuales se mueven. Somos llamados, en pocas palabras, al discernimiento espiritual de nuestra presencia social en el mundo y su papel ante los cambios provocados por el Señor de la historia.

Sugerencias de lectura

  • Karl Barth, Esbozo de dogmática. Santander, Sal Terrae, 2000 (Presencia teológica, 108).
  • Rui Manuel Grácio das Neves, Dios resucita en la periferia. Hablar de Dios desde América Latina. Salamanca, San Esteban, 1991.
  • Paul Lehmann, La ética en el contexto cristiano. Montevideo, Alfa, 1968.
  • Hans-Walter Wolff, La hora de Amós. Salamanca, Sígueme, 1984 (Nueva alianza, 92).