Lucas 1.57-79

Leopoldo Cervantes-Ortiz

Adviento | December 12, 2016

ENCARNACIÓN DE DIOS Y COMPROMISO CON EL REINO: EL CÁNTICO DE ZACARÍAS

Dios nos ama tanto,

que desde el cielo

nos envió un Salvador,

como si fuera el sol

de un nuevo día.

Lucas 1.78, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo del texto: Fe y poesía en los cánticos de San Lucas

El evangelista Lucas creía firmemente en los poderes de la poesía. Su aproximación al misterio de la encarnación de Dios en el mundo estuvo mediada por una comprensión y una valoración literaria que marca la diferencia de este evangelio con los demás. Si Mateo (como buen judío) estaba obsesionado por el cumplimiento de las Escrituras, Marcos quiso sintetizar la obra de Jesús al máximo y no se ocupó de los detalles de su nacimiento. Juan hizo lo mismo, porque su proyecto de fe tampoco incluyó nada sobre los entretelones de este evento. Lucas los investigó a fondo y les otorgó una dimensión humana extraordinaria, con matices simbólicos muy importantes. La sensibilidad de Lucas ante los cánticos de algunos protagonistas de la historia permitió que su forma y contenido expresaran aspectos notables del misterio y el milagro de la encarnación de Dios. Al observar la manera en que cada uno entendió su papel dentro del drama humano de la salvación, consiguió dotar a la historia de un entendimiento de la fe que va más allá del mero acontecimiento, digno de celebración y asombro, sí, pero con un contenido poético y espiritual que afirma aún más la relevancia de los sucesos.

Zacarías y la tradición profética: el Benedictus

El padre de Juan el Bautista se sitúa perfectamente en la línea de la tradición profética y su figura representa para Lucas algo así como el enlace entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos. Pero, si bien retoma el lenguaje antiguo para hacer presente la maravillosa intervención de Dios en la historia, Zacarías va a fundar una nueva épica, es decir, la acción extraordinaria de Dios en una historia pequeña, doméstica, y el Evangelio de Jesucristo quedaría, ubicado, como quería el evangelista, en el marco de la vida cotidiana de los protagonistas. Estamos acostumbrados a leer con mayor asombro las páginas iniciales de este evangelio, precisamente porque allí es donde se gestó el comienzo de la obra redentora de Cristo, pero también deberíamos advertir que todo el texto está dominado por esta perspectiva: las cosas maravillosas que suceden por la intervención de Dios en la historia a través de su Hijo buscan invadir la vida diaria, ordinaria, de las personas. “Al menos la primera parte del Benedictus [traducción latina de la primera palabra del cántico, Lc 1.68] es claramente judía, calcada en muchos aspectos sobre las plegarias que se pronunciaban en la ceremonia de la circuncisión” (Carroll Stuhlmueller, Comentario bíblico San Jerónimo).

En ese sentido, la orientación profética de Zacarías sigue el mismo curso de la profecía antigua, aunque no debería olvidarse que los tiempos habían cambiado muchísimo y las esperanzas del pueblo se habían modificado a tal grado que únicamente quedaba en el horizonte la expectativa de una acción divina espectacular. A esta orientación del ánimo popular, dice Zacarías, Dios responde como antes, esto es, mediante un compromiso central con la vida del pueblo, pero ahora con una novedad radical. Se trataba de la certeza de que el advenimiento del Reino de Dios no sólo estaba muy próxima sino que ya se cumplía en la vida de personas comunes y corrientes, como nosotros hoy, lejos de manifestaciones extraordinarias.

Juan el Bautista y Jesús

Lucas enfatiza algunos temas centrales del cántico de Zacarías:

  1. a) la visita de Dios a través del linaje de David (v. 67);
  2. b) en términos de liberación del pueblo de sus dominadores;
  3. c) como cumplimiento del pacto antiguo (v. 72);
  4. d) la actuación de un precursor del Mesías prometido (v. 76) en continuidad con la tradición profética (anuncio-denuncia).

Todo esto, acompañado por una magnífica metáfora ligada a la venida de la luz, la iluminación plena para la vida del pueblo: la Aurora (v. 78), “para dar luz a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte” (v. 79; combinación de Isaías 9.1-2 y 42.7) y para establecer el shalom de Dios (v. 79b), es decir, el estado de bienestar humano pleno, tal como es el designio divino. Este nuevo estado de iluminación social y espiritual resume y renueva la comprensión de la actuación de Dios en la historia humana. “Zacarías profetiza lleno del Espíritu Santo sobre su hijo (1,76-77) y sobre Jesucristo (1.68-75, 78-79). Aquí aprendemos que Jesús es un cuerno/poder de salvación (1.69), que en él se cumple lo que Dios había prometido a su pueblo en memoria de la alianza que había jurado a Abraham (v. 73). La salvación anunciada en 1.70 consiste en la liberación de los enemigos que permitirá que ‘le sirvamos sin temor en santidad y justicia’ (v.75)” (Darío Barolin).

La actuación de Juan el Bautista vendría a corroborar que el programa profético antiguo, en un ambiente de temor y esperanza por el fin de una época (la mentalidad apocalíptica), dejaba ver la continuidad del plan de Dios para hacer efectivas sus bendiciones entre el pueblo. Eso planteaba el conflicto doble que enfrentaría este precursor: primero, con el pueblo judío, al tratarlo como no judío por el ofrecimiento del lavamiento por las aguas bautismales; y segundo, con el poder extranjero, que acabaría con su vida, otra vez, dentro de la tradición de los profetas asesinados que también seguiría el propio Jesús (Lc 3.18-20). En otras palabras, Zacarías estaba muy consciente de que el Reino de Dios no vendría sin ese par de conflictos. Y así lo vislumbró, positivamente, en su cántico profético-poético.

Conclusión

El cántico de Zacarías es un gran ejemplo de apego y confianza en las promesas antiguas del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, pero también de Sara y Agar. La proclamación profética de este sacerdote al momento de celebrar el nacimiento de su hijo, quien sería el precursor de Jesús, conectó las esperanzas antiguas con su situación histórica. Exactamente eso debemos hacer ahora en la temporada de Adviento: anunciar con júbilo y entusiasmo la venida del Hijo de Dios al mundo que le trae luz en medio de tanta oscuridad, certeza en el lugar de tantas tragedias, posibilidad de justicia ante tanta violencia e impunidad que nos rodea. Afirmar la venida de la Luz de Cristo al mundo en sombras y oscuridad es la gran tarea de la iglesia en todo tiempo.

Sugerencias de lectura

  • Darío Barolin, “Fortaleciéndonos con Teófilo Una lectura de Lucas 1-2”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 53, 2006, claiweb.org/index.php/miembros-2/revistas-2#52-63.
  • Francisco Prieto, “El Bautista, de Javier Sicilia”, en Proceso, 14 de septiembre de 1991, proceso.com.mx/157836/el-bautista-de-javier-sicilia.
  • Miguel Rodríguez Ruiz, “Benedictus”, en mercaba.org/DJN/B/benedictus.htm.
  • Javier Sicilia, El Bautista. Xalapa, Universidad Veracruzana, 1991. (Nueva edición: México, Debolsillo, 2014.)
  • Jaime Vázquez Allegue, “Juan bautista”, en mercaba.org/DJN/J/juan_bautista.htm.
  • Varios autores, Orar con júbilo y alabanza. Magnificat, Benedictus. Madrid, Narcea, 1988.