Génesis 4.1-14

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| July 7, 2017

Líbrame de la violencia humana pues quiero cumplir tus preceptos.

Salmo 119.134, Dios habla hoy

Trasfondo bíblico

La violencia en el mundo es una realidad muy antigua, lo cual no ha dejado de causar extrañeza. Para explicar su presencia, el Antiguo Testamento, y especialmente el Génesis, recurrió al lenguaje simbólico. La explicación es teológica, es decir, se relaciona con la Caída, con los primeros pecados de la humanidad. Este esquema de interpretación de la existencia humana permite penetrar y ampliar la visión de las cosas. Contrariamente a la lectura tan elemental con que se ha asumido el episodio del asesinato de Abel por parte de Caín, el Génesis plantea que la diversa interpretación humana del verdadero culto a Dios y la recepción de éste, originó la aparición consecutiva del mal, la violencia y la muerte en el mundo.

 Cómo entró la violencia en el mundo: una mirada desde los orígenes

El origen de la violencia se relaciona con un problema entre hermanos: Caín y Abel presentaron sus ofrendas a Dios queriendo agradarlo. Las consecuencias de la Caída, que se acababan de consignar en el capítulo anterior, comenzaron a tener un efecto devastador. Las palabras posteriores de Gn 6.11b y 6.13a: “y la tierra estaba llena de violencia”, alcanzan su explicación cabal en la ira ocasionada por la reacción de Jehová ante los sacrificios presentados por Caín, el campesino, y Abel, el pastor de ovejas. A Dios, escribió el especialista alemán Gerhard von Rad (1901-1971), “le agradó más el sacrificio cruento”, el de Abel.

Caín se enojó rotundamente (Gn 4.5b) y Dios mismo fue a hablar con él para preguntarle sus motivos (4.6-7). Von Rad explica así la naturaleza literaria y teológica del relato (puesto que cada época o situación de violencia forja su propia literatura, como ha sucedido en Brasil y Colombia, con la obra de Rubem Fonseca y Fernando Vallejo, respectivamente):

El fuego del rencor se apodera de Caín, lo saca fuera de sí (incluso físicamente). Envidia a su hermano por la amistosa actitud de Dios hacia él [¿el celo filial por la preferencia paterna?]. Dios se dirige a Caín advirtiéndole contra semejante cambio en lo más íntimo de su ser, y del peligro que supone el pecado que bulle en su corazón. Palabras paternales, que quisieran mostrarle cómo escapar a tal amenaza, antes de que sea demasiado tarde. (Vemos que Caín no había sido rechazado definitivamente, aun cuando no fue aceptada su ofrenda.)

Pero él no respondió ni entendió razones y recurrió directamente al engaño y la violencia física. Nuevamente Dios lo confrontó. A la pregunta que atraviesa toda la historia humana: “¿Dónde está tu hermano?”, respondió altaneramente: “¿Soy acaso el vigilante de mi hermano?”. “La responsabilidad ante Dios es responsabilidad por el hermano; la pregunta de Dios se enuncia ahora como pregunta social”.

Caín no tomó la oportunidad que Dios le ofreció, sino todo lo contrario. Pretendió no saber nada de su hermano. Su misión era cultivar la tierra; ¿por qué iba a tener que guardar a su hermano? ¿Acaso no era su hermano el que llevaba el título de guardián del ganado? […] ¿no es Dios mismo el verdadero guardián? ¿Por qué no intervino en vez de ponerse a juzgar ahora?

Adán había acusado a Dios de haberle dado una mujer; la mujer acusaba a Dios de haber suscitado la serpiente. Caín acusa a Dios de no haber cumplido con sus funciones. ¿Por qué se le acusa al hombre? ¿No es Dios el verdadero responsable? (François Castel)

La estructura pecaminosa de la violencia humana

No hay piedad para el hombre entre los hombres.

Pablo Neruda

Las consecuencias de la caída se fueron encadenando progresivamente. La narración muestra de manera muy realista el efecto de la presencia cada vez mayor del pecado y del mal en el mundo, con un horizonte universal que abarca a toda la humanidad. El resultado es un texto cuyas conclusiones provisionales y cuyo cumplimiento profético podemos seguir viendo hoy ante el predominio de la violencia en sus diversos niveles. El Génesis, en ese sentido, no sólo es realista a su modo, sino que además es contundente al afirmar que la violencia se basa en el profundo desprecio por la fraternidad deseada por Dios. En ese esquema, la cercanía de los seres humanos, la familiaridad excesiva experimentada en las ciudades (Caín es el fundador de la primera: Gén 4.17b), ejemplifica hasta qué grado puede llegar el odio y la no aceptación del prójimo.

La estructura pecaminosa de la violencia humana, para el Génesis, es bastante elemental, pues procede de una desobediencia radical de la voluntad divina, ciertamente, pero también responde a la incomprensión de los motivos de los demás y al ansia incontrolable por ser siempre superior a los otros y hacérselo sentir sin contemplaciones.

La violencia es siempre una manifestación de poder, y es desencadenada por el deseo egoísta de “ser/tener/poder” más que otro, el cual se convierte en su receptor y en el perjudicado real. La violencia no se ejercita en el vacío sino sobre un “otro” y sus cosas. Es la primera violencia, la que rompe el equilibrio de las relaciones justas y normales de la sociedad, desde la familia hasta el estado. Es perversa por cuanto genera injusticias, por un lado, y respuestas violentas por el otro. Más aun cuando el poder que la sostiene tiene en su origen la finalidad de proteger al desvalido, justamente al que no tiene poder (Severino Croatto).

La gran metáfora de las formas de culto antiguas, que experimentaron Caín y Abel, sigue vigente en nuestras formas de convivencia aun cuando ya no sean el centro del interés humano. Estemos o no al tanto de la estructura pecaminosa del pecado, la practicamos abiertamente con algunas personas, y de manera encubierta con otras. La gente violenta, como Caín, produce indignación, aunque potencialmente todos estamos en el mismo barco de la violencia.

Conclusión

Las Sagradas Escrituras enseñan, a contracorriente de nuestras inclinaciones humanas, que todos somos, a la vez, víctimas y victimarios, y que, a pesar de nuestras inclinaciones espirituales positivas reproducimos voluntariamente (aunque nos arrepintamos después) el modelo de Caín. La violencia está cosida al pecado, no a la naturaleza humana inicial, la cual según el Génesis fue hecha a imagen y semejanza divina. Es posible superar la violencia mediante el ejercicio de una libertad crítica, responsable y consciente de sí misma, con la ayuda del Dios que creó libres a los seres humanos.

 Sugerencias de lectura

  • François Castel, Los once primeros capítulos del Génesis. Estella, Verbo Divino, 1987.
  • Severino Croatto, “Violencia y desmesura del poder”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 2, pp. 9-18, claiweb.org/images/riblas/pdf/2.pdf.
  • Pablo Neruda, “No sé cómo me llamo”, en Geografía infructuosa. Buenos Aires, Losada, 1972.
  • Gerhard von Rad, El libro del Génesis. 2ª ed. Salamanca, Sígueme, 1982 (Biblioteca de estudios bíblicos, 18).