Marcos 2.13-17; 3.13-19

Leopoldo Cervantes-Ortiz

Mr 2.13-17; 3.13-19 | October 17, 2016

JESÚS LLAMA 12 DISCÍPULOS PARA SER TESTIGOS DEL REINO

Luego, mientras caminaban, Jesús vio a Mateo hijo de Alfeo, que estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos para Roma. Jesús le dijo: “Sígueme”. Mateo se levantó enseguida y lo siguió.
MARCOS 2.14, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo del texto

Inmediatamente después de sanar al hombre paralítico (Mr 2.1-12), Jesús va a la orilla del Mar de Galilea a enseñar a la gente las nuevas realidades del Reino de Dios. Allí, al caminar, como parte de su estilo de situar la fe y el conocimiento en el ámbito cotidiano, se topó con Leví (Mateo), cobrador de impuestos para el imperio romano. Al verlo, lo invitó a acompañarlo mediante una escueta palabra: “Sígueme”, a lo que el aludido respondió inmediatamente. El discipulado (expresión que se usa en algunos ambientes cristianos) o el seguimiento de Jesús (expresión surgida desde una reflexión teológica más contextual) expresan el hecho histórico de que Jesús invitó a algunos hombres y mujeres a acompañarlo en el camino de ser testigos, practicantes y promotores de una nueva forma de convivencia humana basada en la entera sumisión a los proyectos divinos en el mundo: el Reino de Dios. Leonardo Boff ha resumido muy bien la perspectiva del seguimiento: “Predicar la cruz hoy, es predicar el seguimiento de Jesús. No es pasividad ante el dolor ni magnificación de lo negativo. Es anuncio de la positividad, del compromiso para hacer cada vez más imposible que unos seres humanos continúen crucificando a otros seres humanos. Esta lucha implica asumir la cruz y cargarla con valor y también ser crucificado con valor. Vivir así es vivir ya la resurrección, es vivir a partir de una Vida que la cruz no puede crucificar. La cruz sólo la revela todavía más victoriosa. Predicar la cruz significa: seguir a Jesús. Y seguir a Jesús es per-seguir su camino, pro-seguir su causa y con-seguir su victoria” (énfasis agregado).

Esa experiencia, digna del mejor de los siervos de Dios de las antiguas épocas, sirvió para que el grupo que se consolidaría como el de “los Doce”, adquiriera una sólida vocación de servicio y compromiso hacia la misma causa de Jesús, quien luego de subir a la cruz y de resucitar, animaría a los suyos a continuar con ella y así formar la iglesia que encarnaría los ideales y las prácticas del Reino anunciado, a fin de desplegarse como la más clara alternativa al comportamiento imperial que, en su momento, fue el trasfondo sobre el que se desarrollarían las acciones salvíficas, de solidaridad y de cambio estructural profundo que ocasionaría la divulgación de la fe en el Evangelio predicado por Jesús.

En dos momentos, el evangelio de Marcos narra la forma en que Jesús comenzó a formar el grupo de personas que lo acompañarían en su trabajo y en los momentos climáticos de su pasión y muerte. Primero, describe el llamado de un cobrador de impuestos (publicano) al servicio de Roma (2.13-17) y, posteriormente, la elección del grupo de 12 seguidores que “lo acompañarían siempre y anunciarían las buenas noticias”. El texto agrega que serían designados como “apóstoles” y que recibieron “poder para expulsar de la gente a los demonios” (3.13-19). Sus tareas serían las mismas que las de Jesús: servir a los necesitados, anunciar la venida del Reino de Dios al mundo y mostrar signos claros de dicha venida.

El perfil de los discípulos: el caso de Mateo

Tal como lo narra Marcos, la figura de Leví-Mateo es particularmente polémica y eficaz para servir como modelo e inicio del reclutamiento de seguidores/as puesto que, al incluirlo como el primer discípulo llamado, se marca una pauta de inclusión totalmente abierta (pues su oficio era de los más rechazados y odiados) ante la que quedaba bien claro que nadie sería excluido si su arrepentimiento y la disposición para seguir a Jesús eran verdaderas. Es el caso de Mateo, quien no duda ni un segundo en dejar su puesto de recaudador para unirse al grupo de Jesús. La simplicidad del llamado de Jesús sintetiza la forma tan directa en que él exhortaba a sumarse a su causa. La frecuencia de dicha expresión verbal (seguir) en los textos muestra claramente su importancia: “El verbo seguir aparece 90 veces en el Nuevo Testamento. Y se distribuye así según los diversos autores: 25 veces en Mateo, 18 en Marcos, 17 en Lucas, 19 en Juan (evangelio), cuatro en los Hechos de los Apóstoles, una sola vez en Pablo y seis en el Apocalipsis. Por lo tanto, mientras que la idea del seguimiento aparece 79 veces en los evangelios, en todo el resto del Nuevo Testamento se habla de eso solamente en 11 ocasiones. Se trata, pues, de una idea fundamentalmente evangélica” (Segundo Galilea).

Este relato contiene en sí muchos simbolismos: en primer lugar, el nombre hebreo del personaje, que recuerda inevitablemente la tribu dedicada al servicio divino en el Antiguo Testamento; en segundo lugar, el oficio al que se dedicaba; y en tercero, la respuesta espontánea para seguirlo. Todo ello establece un modelo de discipulado que marcó profundamente la labor de Jesús al reclutar a quienes lo acompañarían durante la ruta completa de su ministerio: el seguimiento sería la pauta para aquellos, hombres y mujeres, que aceptaran, como Jesús mismo, colocar el Reino de Dios como la razón de ser de sus vidas. Mateo-Leví, además, tiene un nombre simbólico usado para los consagrados al servicio litúrgico en la antigüedad: Mateo significa “regalo de Dios”. “Pasando por encima de fronteras socio-religiosas, Jesús invita a un hombre segregado de la comunidad por su oficio ‘impuro’, equiparado con los pecadores públicos; el colaboracionismo con los romanos lo pone en mala situación socio-política; a ese marginado, incapaz de acercarse a Dios por su impureza múltiple, Jesús le ofrece la alternativa de la esperanza. Pero ese llamado no lo hace desde una neutralidad acrítica e ingenua que no tomara partido frente al pecado y a la injusticia; pone al hombre frente a la conversión y le pide que abandone lo que en su vida hay de injusto” (Carlos Bravo Gallardo, énfasis agregado).

Nueva comunidad, nuevo pueblo de Dios

Después, Jesús invitó a algunos de sus seguidores para que subieran con él a un cerro. Cuando ya todos estaban juntos, eligió a doce de ellos para que lo acompañaran siempre y para enviarlos a anunciar las buenas noticias.
MARCOS 3.13-14, Traducción en Lenguaje Actual

El número 12 era altamente simbólico, pues representaba el número de la comunidad por extensión de su uso en el Antiguo Testamento al referirse a las 12 tribus. En el Nuevo Testamento alcanzará gran notoriedad al utilizarse, de manera cifrada, en el Apocalipsis, pues su multiplicación doble (12 x 12), produjo la cifra de 144 mil personas elegidas, en representación del pueblo de Dios de todas las épocas (Ap 7.1-8). Los llamados “relatos de vocación” de los evangelios refieren el hecho de que quien representa formalmente ese reino invita a otros a sumarse a su promoción e inserción en medio de la sociedad de su tiempo. Aunque Jesús no fue el primero ni el único que reunió en torno a sí a un grupo de discípulos, lo hizo de una forma nueva que reveló su conciencia sobre sí mismo y sobre el nuevo proyecto de Dios. Juan el Bautista y los maestros de la Ley también tenían seguidores, pero su relación con ellos dependió de los objetivos de cada grupo. Para Juan, sus discípulos debían estar preparados para la manifestación definitiva de Dios que se avecinaba. Para los otros maestros, el principal objetivo del discipulado era enseñar la Ley y su correcta interpretación; y no eran ellos quienes elegían a los discípulos, sino éstos quienes escogían al preceptor. De modo que las diferencias con lo que hizo Jesús son muy llamativas.

El contexto ideológico y político de este llamado es digno de destacarse: “La misión de los doce será continuar el ministerio de Jesús, es decir, predicar y poner por obra las buenas noticias para los pobres de Galilea y más allá. Esto a diferencia del reino de Herodes Antipas afincado en la riqueza de su capital Séforis, la Imperial, ciudad reconstruida a la imagen y semejanza de las ciudades romanas”. Ése será el compromiso profundo de los discípulos-apóstoles, aun cuando su comprensión del proyecto de Jesús no era completa, progresivamente podrían adquirir mayor conciencia del mismo hasta percibir, con lo sucedido s su Maestro, los alcances del plan divino.

Aplicación

Con ello en mente, queda bastante claro que Jesús llamó y continúa llamando personas a acompañarlo en el servicio decidido en favor de hacer presente el Reino de Dios en el mundo. Igual que entonces, Jesús sigue llamando hombres y mujeres a compartir su esperanza por el crecimiento de un mundo nuevo en medio de las situaciones más extremas de indiferencia, injusticia y opresión. El Reino que anunció con su vida y su obra es la causa que ellos/as asumirán como propia para hacerla crecer en medio de las contradicciones sociales. El discipulado-apostolado al que sigue llamando el Señor es una tarea compleja que abarcará toda la existencia y la transformará por completo. Nada mejor que las palabras de San Pablo para describir la imagen colectiva del discipulado auténtico, por así decirlo. O mejor, el “retrato hablado” de la comunidad de seguidores/as comprometidos con el Reino de Dios en plenitud que presentan su propia vida como testimonio efectivo de su compromiso. Son dos versiones de los mismos textos.

Atribulados en todo, mas no aplastados;
perplejos mas no desesperados;
perseguidos, mas no abandonados;
derribados, mas no aniquilados. […]
Como desconocidos, aunque bien conocidos;
como quienes están condenados a la muerte, pero vivos;
como tristes, pero siempre alegres;
como pobres, aunque enriquecemos a muchos;
como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos.
(II Corintios 4.8-9; 6.9-10, El Libro del Pueblo de Dios).

Por eso, aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimamos. Tenemos preocupaciones, pero no perdemos la calma. La gente nos persigue, pero Dios no nos abandona. Nos hacen caer, pero no nos destruyen. […]
Aunque nos conocen muy bien, nos tratan como a desconocidos. Siempre estamos en peligro de muerte, pero todavía estamos vivos. Nos castigan, pero no nos matan. Parece que estamos tristes, pero en realidad estamos contentos. Parece que somos pobres, pero a muchos los hacemos ricos. Parece que no tenemos nada, pero lo tenemos todo. (II Corintios 4.8-9; 6.9-10, Traducción en Lenguaje Actual)

Sugerencias de lectura
• William Barclay, Los hombres del Maestro. Bilbao, Desclée de Brouwer, 1988 (Biblioteca catecumenal).
• Leonardo Boff, “Cómo anunciar hoy la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, en Revista Electrónica Latinoamericana de Teología, http://servicioskoinonia.org/relat/217.htm.
• Carlos Bravo Gallardo, Jesús, hombre en conflicto. El relato de Marcos en América Latina. México, Centro de Reflexión Teológica, 1986; Santander, Sal Terrae, 1986 (Presencia teológica, 30). El autor hizo una versión narrativa: Galilea año 30. Para leer el evangelio de Marcos. México, Centro de Reflexión Teológica, 1989; Córdoba, El Almendro, 1991. Disponible en: www.cpalsj.org/wp-content/uploads/2014/08/5FJM1T1-Bravo-1989-Galilea-A%C3%B1o-30.pdf.
• José M. Castillo, “Seguir a Jesús. Por un cristianismo radical”, en www.mercaba.org/FICHAS/SACRAMENTOS/sa_castillo_05.htm.
• Santiago Guijarro Oporto, “La llamada de Jesús a sus discípulos”, en www.mercaba.org/FICHAS/upsa/tema_05_1.htm. “Vocación”, en Felipe Fernández Ramos, dir., Diccionario de Jesús de Nazaret. Burgos, Monte Carmelo, 2001.
• Eliseo Pérez Álvarez, Marcos. Minneapolis, Augsburg-Fortress Press, 2007 (Serie: Conozca su Biblia).