Marcos 4.1-34

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| October 24, 2016

LAS PARÁBOLAS DEL REINO: SIGNO DE ESPERANZA

Jesús enseñó el mensaje del reino de Dios por medio de muchas comparaciones [parábolas], de acuerdo con lo que la gente podía entender. Hablaba solamente por medio de comparaciones y ejemplos, pero cuando estaba a solas con sus discípulos les explicaba todo con claridad.

Marcos 4.33-34, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo del texto

No cabe duda de que en muchas ocasiones para hacer totalmente comprensible las buenas noticias de la llegada del reino de Dios al mundo, es necesario utilizar un lenguaje que todas las personas puedan entender. Sin pretender que resulte muy complicado captar la maravillosa realidad que esto representa, es preciso usar las palabras con sencillez a fin de que quien recibe el mensaje anunciado y vivido por Jesús de Nazaret perciba inmediatamente su contenido. Las palabras rebuscadas o difíciles pueden entorpecer la comunicación del Evangelio y hacerlo complejo y oscuro, por lo que este famoso pasaje es toda una lección de concisión y claridad. El evangelista Marcos da fe del esfuerzo del Maestro por acercarse a la gente de manera transparente (4.2, 33). Sus parábolas, lejos de ser textos enigmáticos, buscan ser como prismas mediante los cuales fuera posible acceder a los misterios de la presencia del Reino de Dios en el mundo. Tal como lo reconoce uno de los grandes especialistas en las parábolas (C.H. Dodd): “Las parábolas son quizá el elemento más característico de la doctrina de Jesucristo consignada en los Evangelios. […] Su impacto sobre la imaginación hizo que se fijaran en la memoria y les procuró un lugar seguro en la tradición. Ninguna otra parte del relato evangélico tiene para el lector un tono más claro de autenticidad”.

Además, la conexión que los evangelios hacen, en el caso de esta práctica, con los Salmos es muy directa. Mateo (13.35) se encarga de recordarla: “De esa manera, Jesús cumplía lo que Dios había dicho por medio del profeta:

 

Hablaré a la gente

por medio de ejemplos,

y contaré cosas

que Dios ha tenido en secreto

desde que hizo el mundo”.

 

La referencia al Salmo 78.2 coloca la acción de Jesús en línea directa con la tradición antigua, sálmica y sapiencial. Marcos 4.1 inicia con Jesús siguiendo su costumbre de enseñar a un lado del lago y con las personas atentas a escucharlo desde la orilla. Una imagen digna de recordarse y de registrarse en un trabajo pictórico: el maestro sube a una barca y habla desde allí; la gente escucha de pie desde la playa.

Jesús, “poeta del Reino”

El relato de Marcos 4 se sitúa en medio de la cotidianidad del pueblo. Nada parece sacar a éste su situación de trabajo y vida familiar, complicado todo por el esfuerzo laboral de “sacar adelante el día”; Jesús se coloca frente al pueblo pobre, mayoritariamente los pescadores de alrededor del Mar de Galilea que, quizá en un momento de descanso o cuando ya habían concluido la faena diaria, tuvieron tiempo de sentarse alrededor de Jesús para escuchar sus historias. ¿Enseñanza básica a través del entretenimiento y la poesía? Tal vez, puesto que en una época tan desprovista de atracciones exteriores, la figura de un narrador ameno bien podía llenar el tiempo y, según su propósito, transmitir a los oyentes un mensaje profundo, como fue el caso. Jesús actúa, definitivamente, como un poeta religioso que se sirvió de la realidad para extraer de ella grandes lecciones de fe, no a partir de sofismas o doctrinas teóricas: “Jesús habló en parábolas, en lenguaje simbólico, por la hondura de su percepción del Reino. […] Jesús cuidó en extremo su lenguaje sobre Dios, fue muy respetuoso con el misterio y en sus metáforas y parábolas dejó a Dios ser Dios” (J.L. Espinal). Jesús ha observado lentamente los campos y ahora deja ver en su relato una experiencia que quizá muchos habían visto también (Marcos 14.2-8): el destino incierto de unas semillas que podrán dar fruto o no es objeto de la enseñanza colectiva de Jesús.

La advertencia con que termina la narración es digna de atenderse: “¡Si en verdad tienen oídos, presten mucha atención!” (4.9). La imaginación de los oyentes, puesta en juego, debía producir una serie de asociaciones que fueran más allá de reconocer la capacidad de Jesús para visualizar alguna enseñanza dentro de un episodio tan cotidiano. Estrictamente hablando, lo contado por el Maestro acontecía todo el tiempo, pero la sensibilidad para advertirlo, propia de alguien que desea transmitir el significado de las cosas, abría la puerta para ver algo adicional en ese acto tan sencillo. Jesús no cierra la posibilidad de que quienes escuchen con atención puedan ser capaces de asomarse al significado del suceso… pero que no se atrevieron a preguntarlo directamente a él. Los demás oyentes podían quedar maravillados por la historia, aceptar su belleza y sencillez, pero no dieron el paso extra, interrogar al Maestro, y dejaron pasar la oportunidad de introducirse a los misterios del Reino que venía en su persona. La advertencia siempre está ahí: quien quiera profundizar lo puede hacer, pero debe dar el paso.

Jesús explica a sus discípulos el significado de las parábolas

El propio Señor marca las distancias entre unos y otros escuchas, con base en su actitud de respuesta o rechazo a su mensaje (Marcos 4.10-12). Al irse sin preguntar sobre el significado de la parábola (4.10a), se fueron, por así decirlo, con la mitad de la misma, con la superficie apenas expuesta. El señor habla entonces enigmáticamente y se dirige a los que se quedaron, a su grupo cercano: “A ustedes les he explicado los secretos del reino de Dios, pero a los demás les enseño solamente por medio de ejemplos” (4.11). El profeta Isaías (6.9-10) aparece entonces como razón de ser de esa metodología extraña: “Así, aunque miren, no verán, y aunque oigan, no entenderán, a menos que se arrepientan de sus pecados y pidan perdón a Dios”. A la multitud se le enseña, sí, de le ofrecen los ejemplos, pero sin la explicación que les abra los ojos. El mensaje ha sido expuesto y ellos no podrán decir que no lo recibieron, pero el faltante no acontece porque ya no están en la cercanía del Maestro. El comentario del v. 13 es duro y necesario: la comprensión de esta historia es la clave de todas las demás.

Así pues, lo que para los demás oyentes fue una sucesión de metáforas o comparaciones, para sus seguidores/as las historias que contó cobraron un sentido completo al ser armadas alegóricamente (alegoría = cadena de metáforas articuladas). Esta modificación literaria, imperceptible para esos oyentes distraídos, cobra alturas notables en el momento que Jesús se detiene a explicar cada detalle de la parábola de las semillas (los “secretos del Reino”, según sus propias palabras) y llama la atención a cada elemento de la historia: el protagonista principal es el anunciador de las buenas nuevas (v. 14), el sembrador incansable, que no deja un momento de aventar la semilla a la tierra; las semillas que cayeron en el camino son los que escuchan, pero Satanás los hace olvidarse de todo (v. 15); las semillas que cayeron entre piedras representan a los que oyen el mensaje del reino de Dios y se alegran (v. 16), pero al no entenderlo bien, su alegría dura muy poco (v. 17), pues al tener problemas se olvidan del mensaje; otros son como las semillas que cayeron entre espinos: escucharon (v. 18), pero, como bien dice la traducción usada: “no dejan que el mensaje cambie su vida”, dado que sólo piensan en la vida presente, en el dinero, en los lujos (v. 19). Por último, las semillas que cayeron en buena tierra representan a los que escuchan el mensaje y lo aceptan (v. 20): cambian su vida y hacen lo bueno, además de que producen una buena y abundante cosecha. Lo mismo pasa con la luz: debe ponerse en alto para alumbrarlo todo (vv. 21-22). Y nuevamente advierte: “Si en verdad tienen oídos, ¡úsenlos!” (v. 23).

A continuación, el Señor “sube” al plano de la reflexión y confronta a los discípulos con las realidades del Reino de Dios:

  1. a) el don entregado a cada quien se multiplicará según el plan divino (vv. 24-25);
  2. b) la semilla (el Reino) siempre nacerá, más allá de la voluntad humana (vv. 26-29); y
  3. c) la misma pequeñez de la presencia del Reino (semilla de mostaza) es engañosa, pues lo abarcará todo en su momento final (vv. 31-32).

Aplicación

Todo cobra sentido entonces, cuando el propio Señor explica las parábolas, esto es, cuando el propio Señor despierta y mantiene atenta la mirada espiritual. Las parábolas son como faros de luz intermitente que alumbran instantes de vida precisos, exactos, a fin de que quienes deseen ser sus seguidores tengan claro el camino que van a recorrer. Las parábolas de Jesús “fueron dichas en ‘situaciones de lucha… de justificación, de defensa, de ataque, incluso de desafío: las parábolas son armas de combate. Cada una de ellas exige una respuesta al instante” (J. Jeremias). Y como agrega Espinel: “Ése es el recuerdo que dejó Jesús, el de un gran luchador no violento, cuyo combate se hizo con actitudes y con ‘la espada de su boca’, su palabra (Apoc 1.16; 2.16; Cf. Ef 6.17).

Como poeta de Dios que fue y es, Jesús cumplió plenamente la misión de hacer comprensible lo más profundo de la voluntad divina y, al mismo tiempo, alumbró este mundo con una mirada profética que señaló los lugares humanos donde debe haber cambios radicales. Tal como lo expresó un poeta colombiano:

 

¿Para qué escribir pequeños versos

cuando el mundo es tan vasto

y el estruendo de las ciudades ahoga la música?

En esta lucha de gigantes

se necesitan armas de vasto alcance […]

Solamente la palabra que ponga en peligro el poder de los tiranos y los dioses

es digna de ser pronunciada o escrita.

Eduardo Gómez Patarroyo, “Restauración de la palabra”,

Sugerencias de lectura

  • C. H. Dodd, Las parábolas del Reino. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1974 (Epifanía, 6).
  • José Luis Espinel Marcos, La poesía de Jesús. Salamanca, San Esteban, 1986.
  • Joachim Jeremias, Las parábolas de Jesús. Estella, Verbo Divino, 1970.
  • José Antonio Pagola, “Jesús, poeta de la compasión”, cap. 5 de Jesús. Aproximación histórica. Madrid, PPC, 2007.
  • Eliseo Pérez Álvarez, Minneapolis, Augsburg-Fortress Press, 2007 (Serie: Conozca su Biblia).
  • Eduard Schweizer, “Jesús, narrador de parábolas”, en Jesús, parábola de Dios. ¿Qué sabemos realmente de la vida de Jesús? Salamanca, Sígueme, 2001 (Biblioteca de estudios bíblicos), pp. 37-54.