Lucas 6.27-36

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| July 23, 2018

Si sólo aman a la gente que los ama, no hacen nada extraordinario. ¡Hasta los pecadores hacen eso!

Lucas 6.31, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo bíblico

En un mundo sometido a los dictados del interés económico, la propuesta de Jesús de Nazaret de una humanidad basada en el amor parecería fuera de moda y de cualquier posibilidad real de llevarse a cabo. En la época de Jesús la situación no era muy diferente. Él se atrevió a reinterpretar la Ley del modo más profundo que pudiera imaginarse, algo impredecible para sus contemporáneos, especialmente los expertos en religión. Por ello, el “sermón de la llanura” (en Lucas; en Mt es en el monte), siguiendo a Mateo, lo muestra en un particular rechazo de la práctica del amor entre quienes representaban la supuesta obediencia a Dios. El punto álgido es el amor hacia los propios y hacia los extraños. Éstos estaban descartados para sentir algo por ellos, pero Jesús plantea un camino más amplio y exigente, la “revolución del amor”.

El amor vivido por Jesús

Escribe el sacerdote dominico sudafricano Albert Nolan (1934):

No podía haber nada más revolucionario y radical. […]

En el Antiguo Testamento, amar al prójimo como a sí mismo constituye la experiencia de la solidaridad de grupo. Pero sólo el pariente o el ser cercano ha de ser tratado como otro “yo”. La fraternidad para con unos implica siempre la enemistad para con otros.

Jesús amplía el concepto de prójimo hasta el punto de abarcar a los enemigos. No podía haber encontrado un medio más efectivo para hacer ver a sus oyentes que lo que él deseaba era que esta solidaridad se amor incluyera a todos los hombres. Sus palabras son casi intolerablemente paradójicas: la contradicción natural existente entre “prójimo” y “enemigo”, entre “íntimo” y “extraño”, ha de ser olvidada y superada de tal forma que los enemigos se conviertan en parientes, y los extraños en íntimos.

Jesús no duda en declarar abiertamente las consecuencias casi inconcebibles de semejante actitud: “Haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian” (Lucas 6.27-28).

 

Pero la instalación de esta actitud en el mundo enfrenta muchos problemas y la necesidad de aprender del ejemplo de Jesús en cuanto a la forma de tratar con quienes no aceptan esta posibilidad como algo efectivo. La presencia auténtica del reino de Dios en el mundo se caracteriza por una práctica del amor que es capaz de enfrentar la oposición, el ridículo y la persecución. Cuando Jesús empuñó el amor como el arma más revolucionaria jamás concebida enfrentó el cuestionamiento cínico y mordaz de los fariseos, es decir, aquellos que asumen la fe como un instrumento de engaño y simulación. Pero aun a ellos los amó Jesús y enseñó a sus seguidores/as a practicar un amor radical, incluso hacia los enemigos, a quienes hay que denunciar con una vida transparente de buena voluntad permanente hacia todos sin transigir con la injusticia y la maldad.

Amor y solidaridad humana

Nuevamente afirma Nolan:

Si el amor se entiende como solidaridad, entonces el amor no es incompatible con la indignación y la ira. Todo lo contrario: si uno está auténticamente interesado por las personas como personas y es dolorosamente consciente de sus sufrimientos, habrá de sentirse necesariamente indignado y airado contra cualquier hombre que cause sufrimiento a sí mismo y a los demás. Jesús se sentía enojado, muy enojado en ocasiones, contra quienes se arruinaban a sí mismos y a los demás, contra aquellos cuyo orgullo e hipocresía no les permitía prestar oídos a las advertencias del mismo Jesús en el sentido de que estaban encaminándose a su propia destrucción y arrastrando a todos consigo. Su enojo contra ellos era por causa de todo el pueblo, incluidos ellos mismos. De hecho, la prueba más evidente de que Jesús amaba a todos los hombres la constituye esta misma y explícita indignación contra los enemigos de la condición humana de todo el mundo, incluida la suya propia.

Cuando Jesús habla del amor hacia los enemigos parte de un profundo conocimiento de la condición humana, pues no se trataba solamente de evidenciar realidades ya existentes sino de provocar un análisis de cada persona acerca de sus sentimientos. Quien mira a otro como enemigo puede anidar en su corazón rencor, resentimiento y odio, pero los seguidores/as de Jesús son invitados a sobreponer su relación con el Reino de Dios para que el poder revolucionario del amor transforme las cosas. Jesús invitó siempre “a ir más allá” (Lc 6.32-34) para romper los círculos viciosos de la violencia y promover la reconciliación entre contrarios. Ese esfuerzo extra por actuar “con el amor de Jesús” en la mente y en el corazón será capaz de romper las barreras que enfrentan a los seres humanos por múltiples razones. Sólo así podrá hacerse visible en el mundo la paz que trajo el Señor.

Conclusión

De todo esto debe brotar una actitud crítica, militante y creativa hacia lo que se entiende por amor en el mundo, puesto que, como bien observó el Señor Jesús, la tendencia a acercarnos a las personas iguales a nosotros es la dominante. Se trata de salir de las fronteras personales y espirituales para entender que la humanidad no tiene fisuras y que muchas de las diferencias que nos separan son arbitrarias y, por eso mismo, pueden superarse. Una humanidad basada en el amor de Jesús de Nazaret puede establecer nuevas formas de convivencia y fraternidad en el mundo. Una nueva forma de armonía humana, tal como lo expresó el puertorriqueño Luis Palés Matos () en el poema “Oración”.

Para que haya pan blanco en nuestra mesa

y cada sol realice una promesa.

Para que hoy se renueve lo ayer hecho

y cada noche sea nuevo el lecho.

Para que esté fecunda tu belleza

como tu madre la naturaleza.

Para que lo que siembren nuestras manos

no lo coman orugas ni gusanos.

Para que tu velamen de azucena

se hinche de amor en la sensual faena.

Para que por la concha de tu vientre

una harina de perla se concentre,

y cuaje, tras recóndito amasijo,

en el fruto seráfico del hijo.

Para que haya una sábana de armiño

y un caballo con alas para el niño.

Para que haya una aguja laboriosa

para la mano de la buena esposa.

Para que el hombre en el taller propicio

sobreponga la ciencia de su oficio.

Y así, por tu favor y nuestro tino,

florecerá el hogar sobre el camino,

y estará murmurándole al que pasa:

—agua fresca, salud. Ésta tu casa—

Señor mío Jesucristo,

Dios y hombre verdadero. Amén.

 

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