Marcos 1.16-20

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| July 30, 2018

ENSEÑANZAS DE JESÚS: VENIDA Y PRESENCIA DEL REINO DE DIOS

Después que Juan fue encarcelado, Jesús se dirigió a Galilea, a predicar la buena noticia de Dios. Decía: —El tiempo se ha cumplido y ya está cerca el reino de Dios. Conviértanse y crean en la buena noticia.

Marcos 1.14-15, TLA

Trasfondo bíblico

Cuando se refirió a la acción de Jesús en el mundo, esto escribió el biblista francés Oscar Cullmann (1902-1999): “Jesús denuncia en la predicación la injusticia social del orden establecido. Exige una conversión individual radical de corazón, la cual cambiará desde ahora las relaciones con Dios y con el prójimo. La cuestión está toda ella planteada a la luz del reino de Dios, cuyas normas son del todo distintas de las del mundo y de los hombres”. Esta visión sugiere que la esperanza más profunda del Señor consistía en contribuir significativamente a un cambio profundo en la vida social de su tiempo a fin de superar la injusticia y el mal. Para ello, señaló directamente muchos de los pecados que cometían la personas y que rompían la armonía y la estabilidad de las diversas comunidades.

La enseñanza de Jesús sobre el Reino de Dios

Al acercarse a los evangelios para buscar cuáles son las enseñanzas principales de Jesús de Nazaret que puedan considerarse como básicas para la conformación del mensaje cristiano, destacan cuatro de ellas:

  1. a) la venida y presencia del Reino de Dios en el mundo,
  2. b) el perdón incondicional otorgado por Dios a la humanidad,
  3. c) el surgimiento de una humanidad nueva y digna, y
  4. d) el anuncio de una palabra divina fresca y transformadora.

Cada una incluye una serie de antecedentes y matices que remiten a la tradición espiritual y religiosa del antiguo Israel, aunque muchos aspectos de la enseñanza de Jesús plantean una fuerte controversia con las creencias antiguas de ese pueblo. Por ejemplo, la manera conflictiva con que se situó ante la ley de Moisés al colocar su persona como principio de superación de la vigencia de esa ley. O la intensidad con que reivindicó a los grupos humanos más vulnerables (niños, mujeres, pobres, enfermos, poseídos, extranjeros) que eran proscritos y discriminados por las instituciones religiosas que controlaban la fe popular. Cada enseñanza mencionada formó parte, en primer lugar, de su fe y de la fuerte convicción que alcanzó, cuando en un momento crucial de su vida, decidió abandonar la cotidianidad. También hizo a un lado la expectativa de una existencia “normal” para consagrarse al anuncio y proclamación, en palabras y acciones, de la venida inminente y la presencia efectiva y transformadora del Reino de Dios en el mundo.

La primera afirmación de Jesús (“Arrepiéntanse porque el reino de Dios está cerca”) dio continuidad directa a la labor profética de Juan, el llamado “bautista”, quien le precedió en el llamado a la conversión ante la esperanza y la urgencia del advenimiento del Reino de Dios (Mr 1.2-8). Esa creencia se había incubado durante mucho tiempo en la conciencia y en la fe del judaísmo. Aunque la predicación de Jesús no difiere sustancialmente de la suya, pues Marcos afirma la necesaria aparición de un mensajero en el desierto que “preparara el camino del Señor” (1.2-3), basándose en la profecía de Isaías (40.3).

El estilo propio de Jesús para anunciar el Reino

En muchos sentidos, como se vería más adelante, el carpintero de Galilea modificó el estilo de presentación del anuncio del Reino de Dios, tan sobrio y ascético (Mr 1.6), pues entraría en espacios que Juan jamás hubiera considerado adecuados: la plaza, los caminos, las casas de los considerados pecadores. Además, actuaría como una “persona mundana” y más cercana a la gente (Mt 11.15-19; Lc 15.2). Su mensaje era sencillo y provocador: era preciso arrepentirse para obtener el perdón y demostrar esto con el bautismo (Mr 1.4-5), en un acto de purificación que no necesariamente debían realizar los judíos de nacimiento. Se trataba, pues de una práctica religiosa alternativa a los postulados oficiales impuestos por el Sanedrín y de una muestra de religión popular “tolerada” por aquella institución que respetaba hasta donde era posible el surgimiento de profetas o iluminados. Juan anunciaba la venida de “alguien mayor” (1.7a) y que él que vendría a “bautizar con el Espíritu Santo” (1.8).

Jesús fue coherente con su mensaje desde que fue a bautizarse con Juan (1.9), con lo que legitimó la obra de Juan, y fue objeto de una manifestación divina visible en la que “se abrieron los cielos y el Espíritu descendió sobre él” (1.10), en un claro episodio de unción para el trabajo profético. La voz que se escuchó afirmó la filiación divina de Jesús y la complacencia de Dios para él (1.11). En ese mismo esquema tradicional, el Espíritu lo llevó al desierto (formación espiritual mística, contemplativa y de revelación especial) y “Satanás lo probó durante 40 días” (1.12-13). Marcos abrevia al máximo la historia y, sin ofrecer los detalles, narra el inicio de la labor de Jesús en Galilea, su lugar de origen, “después de que Juan fue entregado” (1.14), resumiéndola en la frase “para proclamar la buena noticia de Dios”, con una frase paradigmática: “El tiempo se ha cumplido y ya está cerca el reino de Dios. Conviértanse y crean en la buena noticia” (1.15), es decir, que había que prepararse espiritualmente para la inminente intervención directa de Dios en la historia presente y futura.

Conclusión

Con miras a desarrollar este tema más tarde, en palabra y hechos, el relato enfoca a quienes seguirían a Jesús en su aventura, los cuatro primeros discípulos (1.16-20), pescadores que se convertirían en “pescadores de personas”. Los cuatro (Simón, Andrés, Santiago y Juan) dejaron todo para ir tras él. Vendrían entonces los gestos de servicio y sanidad, así como la enseñanza que encarnarían el anuncio inicial de su programa basado en la fe profunda que lo poseía: la certeza y confianza de que Dios estaba introduciendo efectivamente su Reino en el mundo para beneficio de la humanidad necesitada y sufriente. La vida y obra de Jesús de Nazaret se convirtieron, de ese modo, en un modelo de práctica de los postulados que acompañan la experiencia del Reino de Dios en el mundo. El propio Señor destacó que la labor de servicio estaba íntimamente ligada a la presencia efectiva del gobierno de Dios sobre el cosmos y la humanidad (Lc 11.20).

Sugerencias de lectura

  • Oscar Cullmann, Jesús y los revolucionarios de su tiempo. 2ª ed., Madrid, Studium, 1973.
  • Antonio González, Reinado de Dios e imperio. Santander, Sal Terrae, 2003.
  • _____, El evangelio de la paz y el reinado de Dios. Buenos Aires, Kairós, 2008.
  • Richard A. Horsley, Jesús y el Imperio: El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial. Estella, Verbo Divino, 2003 (Ágora).