Oseas 2.1-13

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| August 7, 2017

Trasfondo bíblico

Acercarse a la Biblia para analizar su capacidad de ser “fuente de sentido” (o significado) implica varias cosas, simultáneamente. Primero, considerar que nuestras lecturas anteriores quedaron en el pasado y requieren actualizarse para llegar a lo que algunos denominan “reserva de significado”. Segundo, aceptar que toda lectura de la Biblia está dominada o dirigida por diversos. Y tercero, que creemos firmemente en que encontraremos cosas o enseñanzas nuevas, aun cuando nuestra mentalidad siga siendo la misma.

Redescubrir la Biblia como fuente de sentido

Debido a estos y otros planteamientos, el biblista Walter Brueggemann escribió un pequeño libro (La Biblia, fuente de sentido) que discute la necesidad de seguir encontrando validez para la operatividad de la Biblia en nuestra vida. Sus primeras palabras explican el problema:

Es curioso que la Biblia sea nuestro libro más preciado y que, a la vez, nos resulte tan difícil que no le encontremos mucha utilidad. Puede que nuestras expectativas respecto a ella sean equivocadas; le pedimos cosas que en realidad no puede hacer; esperamos que cumpla una serie de promesas que nunca nos hizo. La Biblia no es un amuleto de la suerte para conseguir la bendición de Dios, ni un libro de respuestas para resolver nuestros problemas o saber en qué hay que creer. Al leer la Biblia, pues, lo primero que debemos preguntarnos es qué podemos esperar de ella.

Esto quiere decir que podemos creer que “utilizamos” la Biblia sin dejarnos interrogar por ella desde el mundo que procede, y que nuestro supuesto dominio de su contenido ha hecho que construyamos un conjunto de significados. Al leer un pasaje como Oseas 2, podemos experimentar una serie de sentimientos extraños debido al lenguaje del texto, pero progresivamente nuestra experiencia como creyentes va poniendo “las cosas en su lugar”. Específicamente, podemos limitarnos a observar que la persona que habla se expresa violentamente acerca de una relación humana que se ha desgarrado por ciertas circunstancias ligadas a una comprensión del amor que no necesariamente compartimos. Algunos abordajes contemporáneos del libro de Oseas aseguran que se trata de un “amor maltratado” (Renita Weems) y que la violencia verbal del mismo obedece a una cadena de situaciones ligadas a la violencia con que se ejercía la sexualidad en la antigüedad.

Si aceptamos que Yahvé, como Dios “celoso”, desea enseñar a su pueblo los sentimientos que experimenta a través de la existencia concreta de un hombre llamado por Él a ejercer la labor profética, entenderemos los propósitos del texto. A ese profeta le ordenó unirse a una mujer de muy mala reputación y formar una familia con ella (v. 2b: “porque la tierra fornica apartándose de Yahvé”). Las advertencias del pasaje señalan el riesgo de vivir, como comunidad, bajo el rechazo y la negativa de Dios a las prácticas sociales predominantes. El v. 4, por ejemplo (“Ni tendré misericordia de sus hijos, porque son hijos de prostitución”), manifiesta una postura inflexible hacia los hábitos religiosos, espirituales e ideológicos de una sociedad que necesitaba ser sacudida verbalmente, para así reaccionar en medio de un ambiente histórico determinado.

Renita Weems, al observar el lenguaje utilizado, afirma: “El profeta Oseas diseña partes de su contenido, redactado en el siglo VIII a.C., bajo la forma de una disputa matrimonial, el varón lanza acusaciones y amenazas contra su mujer a la que percibe sexualmente disoluta y moralmente indócil. […] Vinculó la capital del norte”. De ese modo, Dios parecería un marido recriminando el comportamiento de su esposa, aun cuando sabemos que, por cultura, costumbre y frecuencia, los hombres son más proclives a la infidelidad. En algunos países, donde incluso desde el noviazgo se ejerce la violencia física, esta manera de hablar y de actuar no es ninguna novedad.

Los modelos que dirigen nuestra manera de pensar

Brueggemann agrega elementos al análisis de nuestra lectura actual de la Biblia: “La Biblia es valiosa porque ofrece un modo de entender el mundo desde un nuevo enfoque, un enfoque que conduce a la vida, a la alegría y a la plenitud; nos proporciona un modelo, un esquema mediante el cual podemos pensar, percibir y vivir la vida de una forma diferente”. La crítica profética hacia la enorme resistencia del antiguo Israel a vivir según los mandatos divinos pasó por el filtro de la metáfora sexual y conyugal, y el mismo texto se encarga de dar el giro aplicativo. Así se aprecia en el v. 5: “Porque su madre se prostituyó… porque dijo: Iré tras mis amantes…”, para referirse a los beneficios económicos que obtenía la nación de la fidelidad a Yahvé (vv. 8-9). Hasta el v. 11 se observa que se refiere al pueblo infiel y, a partir del v. 14, el lenguaje se vuelve propositivo y afectuoso, al grado de que Dios promete “casarse con ella para siempre” (v. 19). “En vez de matar o divorciarse de su esposa (como marcaba la costumbre) Dios, inexplicablemente, volvía a acoger a su incorregible mujer y la invitaba a comenzar de nuevo” (R. Weems).

Alrededor nuestro, y antes de que nos diéramos cuenta o incluso de que naciéramos, existen modelos de vida y pensamiento que pueden moldear lo que somos o podemos llegar a ser:

Todos hemos adoptado un modelo de vida u otro, aunque sea inconscientemente. Hemos asumido cierta actitud por el hecho de vivir en determinados contextos y escuchar determinadas voces, las de unos padres temerosos o de unos compañeros calculadores, la voz de una tradición poco generosa o de unos sueños eufóricos. […] Todas estas voces han dado forma a nuestra conciencia y nos han empujado hacia una particular concepción vital, se han apoderado de nuestra vida y han forjado nuestras experiencias sin que nos diéramos cuenta. Pero lo cierto es que con el tiempo han llegado a adueñarse de nosotros y a definir nuestra identidad y nuestro destino (W. Brueggemann).

Este autor propone una manera ágil y fresca, pero responsable, de abordar nuevamente la lectura y aplicación de la Biblia a nuestra vida, siempre hambrienta de sentido, de significado para lo que hacemos. La propuesta es, hasta cierto punto, simple: “El modelo fundado en la historia y la alianza afirma que la existencia humana no consiste solamente en conocer, controlar y gestionar. Este modelo sostiene que la auténtica vida con Dios consiste en compromisos arriesgados, recuerdos intensos y visiones convincentes” (W. Brueggemann).

Conclusión

Es necesario leer la Biblia y encontrarse con esos compromisos, recuerdos y visiones, es decir, nuevas maneras de relanzar la existencia hacia el proyecto que Dios desea. Así lo hacían los cristianos de Corinto a la hora de celebrar la Santa Cena, al renovar un pacto que los incorporaba de manera plena a los planes de Dios en medio de la historia. Ciertamente existen ideas y creencias que van más allá de nuestro conocimiento, pero precisamente por ello es preciso sujetarse a las enseñanzas del Señor contenidas en su Palabra escrita, única fuente de significado para la vida entera.

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