Apocalipsis 22.1-15

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| July 27, 2020

LA VIDA DE DIOS ES UNA VIDA ABUNDANTE (Apocalipsis 22.1-15)

Yo soy el principio y el fin, el primero y el último. A los que dejen de hacer lo malo, Dios los bendecirá, pues les dará el derecho a comer de los frutos del árbol que da vida eterna.           Apocalipsis 22.13-14, TLA

Trasfondo bíblico

La promoción de la vida desde la fe en el Evangelio de Jesucristo es la tarea central de los seguidores/as del Maestro en el mundo. Comprender suficientemente esto implica tomar partido permanentemente por la vida en todas sus expresiones y sumarse conscientemente a los proyectos encaminados a levantar la dignidad de los seres humanos y mantener en óptimas condiciones lo creado por Dios en el mundo. Esta actitud espiritual y humana es resultado de la obra del Espíritu, el mismo que contribuyó a crear todas las cosas desde los momentos originarios. La capacidad creadora y sustentadora de Dios se manifiesta en su intención de mantener a la creación como un espacio en el que la vida florezca de la mejor manera para mostrar también los designios divinos que, según se percibe en el Apocalipsis, buscan preservar la existencia de todos los seres en camino a la plenitud futura que se afirma en ese libro.

La vida de Dios en el mundo

¿Qué queremos decir cuando hablamos de “la vida de Dios en el mundo”? Que Dios, desde su absoluta eternidad, hacia la cual nos atrae y desde la cual nos ha hecho venir al mundo y a la historia, comparte su vida como creador que es de la misma y nos convida a experimentarla plenamente. Cada etapa de avance en la historia de la salvación, esa vida se va mostrando progresivamente como el gran proyecto divino para toda su creación. En la visión de Apocalipsis somos testigos de la forma en que la revelación divina despliega las posibilidades vitales para todas sus criaturas. Paso a paso lleva a los lectores por senderos complejos donde la historia y el futuro se entrelazan para hacer ver el destino venturoso de los creyentes en Jesucristo, a pesar de las adversidades que vivían al momento de la escritura del libro. “Con el inicio del capítulo 22, se pasa ahora del registro simbólico de la ciudad al del paraíso. Es la búsqueda de los orígenes perdidos, la nostalgia de la paz divina con toda la creación renovada” (Biblia de Nuestro Pueblo).

La descripción del Apocalipsis no resulta extravagante ni se desborda en fantasías; “mantiene una intensidad retenida, de continuas remembranzas bíblicas”, especialmente en relación con los inicios de la creación en el Génesis y las afirmaciones del Cuarto Evangelio, íntimamente ligadas. La nueva Jerusalén extiende su contagio vital a la humanidad y a la naturaleza. Los “ríos de agua viva” son mostrados desde su origen en el trono de Dios, dador de la vida (vv. 1-2). “El Apocalipsis crea las expresiones ‘agua de vida’ y ‘árbol de vida’. Insiste en la fecundidad sin mengua de esta vida y en su alcance universal”. Las enfermedades que dañan a la humanidad serán superadas definitivamente y la absoluta calidad de vida aparece ya no como un sueño o una posibilidad remota sino como algo que proviene directamente de Dios. La imagen fluvial se inspira en aquel río que regaba el primer jardín (Gn 2.10) y, sobre todo, en la visión de Ezequiel, quien vio manar del templo agua que se convertía en río creciente, y cuyas aguas dan vida (Ez 47.1-12). Es la utopía perfecta, el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte. Además, ya nadie podrá desagradar a Dios y la presencia de Dios será completa, diáfana y transparente (vv. 3-5).

La vida divina, abundancia de vida para todos

La luz directa de Dios alumbrará a todos/as y quienes tengan el nombre de Dios escrito en la frente accederán a la plenitud de la vida. Estamos ante “la comunión perfecta, sin sombras de pecado, anudada entre Dios y la humanidad: la armonía cósmica. La historia de la salvación llega a su plena culminación feliz. Se muestra la presencia de Dios-Trinidad, dador de vida” (Ídem). Eso es lo que ha mostrado el libro, de principio a fin (1.4-6; 22.1-3). “Ahora Dios y el Cordero son los ocupantes simultáneos del mismo trono”. Con esta atrevida expresión se indica la comunión perfecta en el Padre y el Hijo; ambos comparten la divinidad y son fuente de vida para toda la creación. El Espíritu es contemplado en ese río impetuoso que brota del trono; sólo Él es quien hace posible la fecundidad para toda la Iglesia.

La vida que viene de Dios es plena, total e impecable. El vidente debe creer todo lo que está viendo y anunciarlo sin dilación (7-10), como debe hacerlo hoy la iglesia. Si el mal sigue presente, hay que lidiar con él de la mejor manera y mantenerse firmes en la fe de Jesucristo, pero con una actitud sabia, crítica y atenta, de entrega total (11). Debe haber mucha atención hacia lo que sucede en la historia y hacia quien es el origen y destino de ella (12-13). La ética transformadora de sus seguidores producirá beneficios inevitables y visibles (14a), pues el Señor los guía. El juicio definitivo mostrará las cosas como realmente son y separará a los justos de quienes promueven la muerte (15), pues ése es el criterio absoluto para aplicar la justicia de Dios en todo lo sucedido.

Conclusión

El Apocalipsis concluye con una gran afirmación de la vida de Dios compartida con toda la creación. En medio de un contexto de odio, persecución y muerte, los/as seguidores de Jesús eran portadores de la vida como una realidad transformadora capaz de modificar radicalmente las formas de relación humana impuestas por el imperio romano. Éste advirtió muy bien los riesgos implícitos y explícitos al dejar con vida a los discípulos/as de Jesús de Nazaret que comenzaban a crecer en número en toda su extensión geográfica. Minar las tendencias afines a la muerte de ese imperio fue parte del proyecto cristiano que se fue desdoblando en las acciones de fe que se advertían cada vez más por parte de los practicantes de esa fe. La igualdad de condiciones de cada ser humano delante de Dios, como imagen suya, fue la prueba antropológica de que la vida de Dios se estaba extendiendo incluso en los sectores menos pensados. Hoy, ante situaciones en las que la vida corre tantos riesgos, la afirmación de que Dios comparte su vida con el cosmos y con el mundo cobra particular relevancia para las personas. La tarea de las iglesias es estar siempre al servicio de esa vida, en las palabras y en los hechos. Así lo afirma la profesora costarricense María Cecilia Garcez, al retomar el simbolismo del último libro de la Biblia:

Los árboles de la vida dan frutos abundantes —uno para cada mes del año—, como una recompensa para las personas que han optado por el proyecto de vida. […] … el texto apocalíptico está cargado de imágenes y símbolos, y es un texto que invita a la reflexión e interpretación. Queda claro, pues, que a través de ese mensaje literario-subversivo que despierta emociones, Juan de Patmos quiso invitar a la comunidad a la resistencia, la esperanza y la utopía.

Sugerencias de lectura

  • La Biblia del Pueblo de Dios. Biblia del Peregrino. Bilbao, Mensajero, 2008.
  • María Cecilia Garcez Leme, “Apocalipsis: una pedagogía de resistencia y esperanza”, en Siwô’, Universidad Nacional, Costa Rica, vol. 5, núm. 4, 2011, pp. 11-40.
  • Elisabeth Schüssler Fiorenza, Visión de un mundo justo. Estella, Verbo Divino, 2003.