Colosenses 2.16-23

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| July 13, 2020

Cristo le da a la iglesia todo lo que necesita, y une a todos sus miembros de acuerdo con el plan de Dios.

Colosenses 2.19b, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo bíblico

El lenguaje de la carta a los Colosenses da testimonio de una profunda preocupación por el contacto de la comunidad con las ideologías que se habían introducido en ella. El apóstol Pablo, a la distancia, enfrentó ese asunto muy a su manera: exhortando a los creyentes a discernirlas crítica y adecuadamente para mantenerse firmes en la fe que habían recibido. La descripción que hace en 2.16-18 es elocuente al máximo en su propósito de redondear sus observaciones para describir sus fallas concretas y la manera en que podían poner en riesgo su fe. Primeramente, aparece el recuerdo de las personas “judaizantes” que los criticaban por determinadas comidas o bebidas que hacían (16a) o por no celebrar determinadas fiestas (luna nueva o sábado, 16b). La primera parte del v. 17 es contundente al calificar el sentido de las mismas: “sombra engañosa de lo que estaba por venir”, de manera muy similar a algunas expresiones de la Epístola a los Hebreos. La segunda parte del versículo es directa también: “Lo real y verdadero es Cristo”.

La fortaleza de la fe en Cristo

Desde esa plataforma de fe en Cristo, el autor se va a referir al culto a los ángeles (18a), una práctica que retomaba elementos de ciertos desarrollos judíos. Todo ello entraba en un contexto que requería explicaciones y análisis más minuciosos:

El papel de los ángeles, guardianes de la Ley, procede de ciertas concepciones judías [en relación con las “Potencias”, “principados y potestades”, RVR], pero aquí resulta extraña la importancia que se da a su papel en el cosmos: ¿no aparecen aquí como los rectores de los cuatro elementos: tierra, agua, aire, fuego, a partir de los cuales la filosofía de aquella época explicaba la formación del mundo? Al afirmar con energía que Cristo es el único Artífice de la creación (1.15s), Pablo se opone a las especulaciones sobre los intermediarios entre el Dios supremo y el mundo. Observemos que la epístola no utiliza más que una vez el término eón (1,26), característico de los sistemas gnósticos del siglo 11, e incluso lo hace en un sentido banal: desde las “generaciones” (1.26) (Edouard Cothenet).

Mucha gente creía que las “Potencias” cósmicas (Ef 6.12; Col 2.15) dirigían el destino humano, por lo que debían ser honradas mediante un culto que el apóstol denunció como supersticioso y atentatorio contra la única mediación de Cristo. Pero: “Al evocar las Potencias, Pablo pensaba en las energías que se manifiestan en el mundo, energías cósmicas y destino, autoridades políticas necesarias, pero a menudo tiránicas, fuerzas instintivas y oscuras que dirigen el comportamiento de los hombres” (E. Cothenet). Hoy hablamos de ideologías que producen “estructuras de pecado”, o de corrupción, como en nuestro medio presente (el caso de Perú, con cinco expresidentes en la cárcel o sujetos a juicio, es enormemente aleccionador). “El mensaje del Nuevo Testamento no recae sobre el análisis de las leyes que dirigen el cosmos y el devenir de las sociedades: es un mensaje de liberación en Cristo. Contra todos los fatalismos que provocan el pesimismo y el desánimo, Pablo no cesa de decirnos que Cristo nos ha liberado de toda servidumbre, de la servidumbre del destino y de la servidumbre de la Ley, y que nos ha abierto el camino real de la agapé” (E. Cothenet). Ése es el camino de la vida anunciada, compartida y otorgada por el Señor a su pueblo.

Vivir plenamente unidos/as a Cristo

Quienes adoraban a los ángeles participaban en los llamados “cultos de misterios”: el verbo embateuein (2.18, “entrando en cosas”), traducido a veces por “preferir” o por “sumergirse en”, significa en sentido propio “pisar el umbral” de un santuario y se usaba en ese tipo de religiones. Asimismo, haría alusión a la visión que se concedía a los neófitos en los ritos de iniciación de esos y otros cultos. Por otro lado, estaban las personas que decían tener visiones, pero que, en realidad, mentían y, además, los hacía ser soberbios o sentirse superiores (18b). Esa actitud los distanciaba automáticamente de Jesucristo, jefe y cabeza de la iglesia (Ef 4.15s) y su razón de ser (19a). La afirmación siguiente resume completamente la fuente de poder y de vida de la iglesia. “Cristo le da a la iglesia todo lo que necesita, y une a todos sus miembros de acuerdo con el plan de Dios” (19b, “nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios”, RVR1960). Esas personas no están unidas a Cristo, quien gobierna su iglesia, la fortalece permanentemente y le proporciona cohesión y sustento (19).

Finalmente, la experiencia de contacto directo con Cristo (“unidos a él por su muerte en la cruz”, 20a) ha liberado a los creyentes de cualquier forma de esclavitud “a los espíritus que gobiernan este mundo” (20b, “rudimentos”, RVR1960; “principios”, RVC; “elementos”, Biblia de Jerusalén).

Por el bautismo hemos muerto con Cristo no solamente al pecado, sino a todos esos reglamentos que no tienen más que una apariencia de devoción. Después de tres ejemplos: “No tomes; no gustes; no toques”, Pablo alude a una palabra de Isaías (29.13), que representa un gran papel en la controversia a propósito de la pureza ritual: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí; es inútil que me rindan culto, pues las doctrinas que enseñan no son más que preceptos humanos” (cf. Mr 7.6s y Mt 15.9). La alusión a Isaías cobra más interés aún si se piensa que Col no contiene ninguna cita directa de la Escritura más que ésta. […]

Es verdad que hemos resucitado con Cristo, pero tenemos que hacernos (de hecho) lo que somos (de derecho). Aunque la antítesis vida/muerte sea una constante en Pablo (por ejemplo, Rom 6.4; 1 Cor 15.21; 2 Cor 2.16; 4.11s; etcétera), presenta aquí una forma especial, ya que el mismo Cristo es considerado como la vida (E. Cothenet).

Conclusión

Comportarse como si aún se siguiese bajo el dominio de esas fuerzas cósmicas es algo inaceptable, era lo que planteaba el apóstol Pablo, sobre todo porque ahora la comunidad es portadora de la nueva vida obtenida en Cristo. Su validez es relativa o secundaria, pero lo primordial ahora es la obediencia al Señor, o mejor aún, experimentar continuamente las bendiciones de vida que Él ha obtenido para su pueblo. Se trata de caminar en ellas para alcanzar la plenitud de vida prometida. Experimentar la vida de Dios en Cristo es la posibilidad de hacer patente el Reino de Dios en el mundo para no dejar dudas de su realidad transformadora. Definitivamente, Dios aplica lo que se anunció en la existencia de Jesús de Nazaret: que la vida es el valor supremo que viene del Creador y Sustentador. Esa conciencia puede y debe producir efectos importantes en la existencia de las personas comprometidas con Él.

Sugerencias de lectura

  • Edouard Cothenet, Las cartas a los colosenses y a los efesios. Estella, Verbo Divino, 1994 (Cuadernos bíblicos, 82),
  • Franz Mussner, Carta a los Colosenses. Carta a Filemón. Barcelona, Herder, 1970 (El Nuevo Testamento y su mensaje. Comentario para la lectura espiritual).
  • Eduard Schweizer, La carta a los colosenses. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1987 (Biblioteca de Estudios Bíblicos, 58).