Gálatas 5.1-15

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| June 28, 2021

¡Jesucristo nos ha hecho libres! ¡Él nos ha hecho libres de verdad! Así que no abandonen esa libertad, ni vuelvan nunca a ser esclavos de la ley.

Gálatas 5.1, TLA

Trasfondo bíblico

La firmeza y la valentía no son atributos estrictamente ligados a un sexo, aun cuando se asocien al masculino. Ciertamente en el Antiguo Testamento con frecuencia se utilizan para referirse a algunos líderes varones del pueblo de Dios (como Gedeón, Jue 6.1-17, y otros más), pero también se reconoce su presencia en algunas mujeres. En Proverbios 31.10-31, por ejemplo, se atribuye la fuerza a la mujer ideal en medio del pueblo. Ella ejerce capacidades que van mucho más allá del estereotipo de la feminidad autoasumida desde la pasividad, pues su fortaleza la despliega en una amplia gama de tareas que van desde el ahorro hasta la conducción de pequeñas empresas, e incluso ayuda a los necesitados. El v. 25 la define óptimamente: “Es mujer de carácter; / mantiene su dignidad, / y enfrenta confiada el futuro” (“Fuerza y honor son su vestidura…”, RVR 1960). Estos énfasis aparecieron en medio de épocas marcadas por fuertes conflictos humanos que enfrentaban a los pueblos y naciones en guerras terribles. De ahí que deban entenderse como parte de esos contextos históricos en los que las conflagraciones eran continuas y sumamente destructivas.

Firmeza y valentía como valores cristianos

Por otro lado, seguir utilizando las ideas de firmeza y, sobre todo, de valentía, con un lenguaje relacionado con la guerra o el conflicto, puede contribuir a mantener la violencia como consigna de vida. Eso puede evitarse para conseguir una expresión más positiva de la actitud necesaria para afrontar las situaciones que exigen mantener la fe firme y sólida. Los casos bíblicos en que se exhortaba de esa manera deben ser releídos para comprender mejor la firmeza de carácter para afrontar la vida. Los tiempos actuales demandan una nueva sensibilidad para que los y las creyentes asuman la experiencia de fe con elementos que en otras épocas no se consideraban importantes, tales como la ternura y el cariño. Superar el lenguaje de la violencia es un auténtico desafío para la fe y para la espiritualidad cristianas.

En Gálatas 5, San Pablo reclama una actitud firme para asumir la libertad cristiana como un valor supremo establecido por la fe en Jesucristo. Semejante respuesta representaría una adecuada recepción de tan valioso don de Dios. El estilo con que se dirige a esos creyentes, hombres y mujeres, es fuerte y un tanto agresivo, pues para el apóstol resultaba inaceptable que la comunidad diera pasos atrás en su comprensión de la libertad ganada por Jesucristo. De ahí que los exhortase con tanta elocuencia en busca de una respuesta clara; al reconocer que el grupo iba por el camino correcto (v. 7), constata la posibilidad de que hayan sido engañados. “Los Gálatas tienen que permanecer firmes a esta condición de libertad como soldados en su puesto. No se trata para ellos de capitular y de pasar como cautivos ‘baja las horcas caudinas’. La imagen del “yugo” era constante en el judaísmo para significar la obediencia a la ley, sin que se la viera ni mucho menos como humillante” (Edouard Cothenet).

La lectura actual de estas virtudes

La energía para reaccionar ante los embates de las personas que buscaban orientar a los gálatas por otra ruta doctrina (los llamados “judaizantes”, v. 9; cf. 4.17) debía formar parte de las herramientas espirituales al alcance de la iglesia en ese lugar. Pablo exhorta a mantener firmes las convicciones recibidas, así como la fortaleza con que debían sostener su nueva relación con el Mesías Jesucristo. La ruptura con el judaísmo no debía hacerlos anti-semitas sino únicamente colocar su fe en una nueva dimensión histórica y teológica: la de la novedad del Reino de Dios presente en el mundo, tal como se había anunciado en las Escrituras antiguas.

Como queda claro en todo el Nuevo Testamento, mantenerse firmes y valientes, por un lado, no depende directamente de la capacidad de cada persona sino de su relación estrecha con Dios. En estas nuevas condiciones únicamente el amor es el valor absoluto (v. 6), y no ya la obediencia a prácticas que, desde esta perspectiva, aparecen como caducas y superadas. La argumentación paulina está centrada en la cruz del Señor “Hermanos, si yo anunciara que todos deben circuncidarse, mis enemigos dejarían de perseguirme y el mensaje de la muerte de Cristo en la cruz no los haría enojar” (v. 11).

Esas dos actitudes debían ponerse a funcionar en el duro debate teórico y práctico que se le presentaba a la comunidad para, por medio de ellas, sus integrantes pudieran sostener sus creencias en la práctica de una fe consolidada y claramente transformadora. El dilema espiritual continuaría, sin duda, pero el sano ejercicio de la libertad cristiana (v. 13) debía conducirlos a establecer el amor como lo fundamental entre ellos (v. 14). Así cumplirían la ley y mantendrían la armonía en la comunidad (v. 15).

Conclusión

El lenguaje de la fe cristiana debe tratar de superar las expresiones de violencia, así sea para simbolizar el esfuerzo y la constancia con que debe experimentarse. Al referirse a Dios como un “Dios de poder”, antiguamente eso mismo servía para justiciar acciones y actitudes que ponían en entredicho el amor y la paciencia de Dios hacia sus hijos e hijas. Hoy, debe considerarse seriamente que muchas personas son objeto de muchas formas de violencia, especialmente los niños/as, las mujeres y las personas mayores, sin olvidar a los integrantes de muchas minorías sociales. Cuando esa violencia se da en el contexto religioso o se acepta que la fe es compatible con expresiones violentas, aflora la gran contradicción que existe entre la forma en que se entiende a Dios, más como un ser todopoderoso que abusa del extraordinario poder que tiene y que lo hace sentir a las personas más débiles. Por el contrario, debe llevarse a cabo el esfuerzo por encontrar en las Escrituras aquellos aspectos que afirman el amor divino vivido y expresado mediante acciones concretas de apoyo y servicio. La firmeza en la práctica de la fe no debe estar reñida con los mejores sentimientos y actitudes para compartir con los demás todo lo que sea necesario.

Sugerencias de lectura

  • Edouard Cothenet, La Carta a los Gálatas. Estella, Verbo Divino, 1981 (Cuadernos bíblicos, 34).
  • Merril C. Tenney, Gálatas: la carta de la libertad cristiana. Terrassa, CLIE, 1973, 2009.