Juan 5.1-18

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| February 15, 2021

Jesús le dijo: —Levántate, alza tu camilla y camina. En ese momento el hombre quedó sano, alzó su camilla y comenzó a caminar.

Juan 5.8-9, TLA

Trasfondo bíblico

“En la tradición bíblica los enfermos son siempre marginalizados, débiles, carentes, considerados pecadores, normalmente pobres y mendigos. El cuarto Evangelio usa, en forma peculiar, para ‘enfermedad’ el término griego astheneia, y para ‘estar enfermo’, astheneis, que expresa debilidad, tanto social como corporal” (Pablo Richard). Una imagen impresionante es la que preside el episodio de Juan 5.1-18 (recreada por el pintor Tintoretto en 1559): el evangelista contempla, a manera de panorámica, una multitud de ciegos, cojos y lisiados (v. 3). Jesús subió a Jerusalén para una fiesta de los judíos y se dirigió directamente a la piscina Betesda. “Luego se fija en uno que era el más pobre entre todos, pues llevaba 38 años enfermo y no tenía quién le ayudara. Jesús empieza esta visita a Jerusalén con una opción por los pobres” (Ídem). La única esperanza que tenían esas personas estaba depositada en el movimiento de esas aguas quietas, encerradas, cuya mención está envuelta en la controversia de algunos manuscritos que la incluyen, pues su existencia venía desde los tiempos cananeos.

Los enfermos, marginados sociales

Ellos, los enfermos, no podían celebrar la fiesta, que al parecer era la fiesta máxima, la Pascua, pues estaban concentrados en la búsqueda de sanidad. El movimiento de las aguas evoca la visión de los huesos secos de Ez 37. El evangelista se fija en un tullido (“seco”, dice la versión interlineal de las Sociedades Bíblicas Unidas), de 38 años, lo que significaba que había estado así durante toda una generación. Jesús devolvió la salud a este muerto-viviente, pero no por medio del agua, sino por el poder de su Palabra. Lo levantó y restauró, lanzándolo hacia una nueva vida no exenta de dificultades para explicar el origen de su sanidad.

“Este milagro acontece en sábado y Jesús ordena al tullido que se lleve su camilla, con lo cual altera un precepto de la Misná. Para el evangelista se trata del verdadero sábado: la culminación de la obra creadora de Dios, que se realza con la presencia sanadora de Jesús. En cambio, para las autoridades judías se trata de una transgresión de la ley” (Biblia de Nuestro Pueblo). Esta contradicción puso frente a frente las intenciones de Jesús y la del sistema político-religioso, al que no le importaba la salud de las personas. Los judíos se fijan más en la transgresión del sábado que en la sanación del pobre tullido y empiezan a perseguir a Jesús. Esta persecución también llegaría hasta sus discípulos (15.20). El milagro trasciende la vida de ese hombre y alcanzó otras esferas.

Jesús se defendió, en lugar de situarse en los detalles de la ley rabínica, se ubicó en su puesto junto a Dios, que trabaja siempre, en un presente eterno: “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo” (17). La urgencia de sanidad para el hombre era lo más urgente en ese momento, antes de hacer otras consideraciones. Jesús enseñó a sus discípulos la superioridad de la vida y la integridad humana por encima de cualquier ley. Jesús no fue sólo señor del sábado, como afirman los sinópticos (Mr 2.28). Se situó en una relación de comunión plena con el Padre, en una continuidad de trabajo permanente, pues Él nunca descansa de crear, cuidar y atender el mundo. Declaró que su actividad no procedía de sí mismo, sino del Padre, quien es soberanamente activo y generoso, pues actúa por amor.

Jesús sana y salva, al mismo tiempo

La indicación definitiva de Jesús para el hombre es que no volviese a pecar (v. 14). Jesús proclamó, así, en acto, las bondades del Reino de Dios (evangelización) y devolvió la dignidad a este hombre (restauración) para que esas bendiciones mostrasen el carácter integral de la salvación, donde el cuerpo y el alma son una unidad completa. Los biblistas Juan Mateos y Juan Barreto han hecho una magnífica síntesis del acontecimiento como parte del proyecto juanino de exposición del ministerio de Jesús:

En esta etapa de su actividad, Jesús prescinde por completo de los dirigentes y de la institución manejada por ellos, que habían rechazado su denuncia y su propuesta. Para él, lo único que importa es el hombre, por eso va adonde éste se encontraba reducido a la miseria y la impotencia. Procede así haciendo caso omiso de las prescripciones religiosas, y del todo indiferente a la opinión de las autoridades.

Capacita al hombre para la actividad haciéndolo caminar por su cuenta. La experiencia de su integridad recobrada le da la libertad frente a las instituciones. Jesús no provoca una rebelión, su misión no se define por oposición a aquel sistema político-religioso, sino por su aspecto positivo: comunicar salud y fuerza. Se propone formar una comunidad humana alternativa, creando el ambiente de la libertad y de la vida, donde el hombre pueda entrar abandonando el régimen de opresión y de muerte. El pecado es quedar voluntariamente en la tiniebla, o volver a ella, renunciando a realizar el proyecto de Dios.

Conclusión

La integridad de la vida humana fue apreciada profundamente por Jesús de Nazaret. Al encontrarse alterada por la enfermedad, el comprendió profundamente cómo la existencia se deformaba y comprometía la sana relación del ser humano consigo mismo, con Dios y con la comunidad. Su intervención terapéutica apuntó hacia todos los aspectos de la vida del hombre descrito en la narración y contribuyó directamente a su rehabilitación como una persona plena, llena de posibilidades para seguir su camino en el mundo. Por ello, Jesús no dudó en alterar su propia relación con el día de descanso y lo convirtió en un día de bendición para la vida y la salud. Empeñado en dignificar a las personas cuya vida era vista como menos que nada, su papel como sanador y salvador se complementó profundamente. Tal como lo resumieron Mateos y Barreto:

Como argumento único y decisivo de su misión divina, propone Jesús su propia actividad. […] La plenitud de vida y libertad para el hombre es la obra del Padre que Jesús lleva a término. Éstas son sus credenciales.

Con esto legitima Jesús toda actividad encaminada a comunicar vida al hombre, a darle libertad y dignidad, y niega legitimidad a cualquier institución que a esto se oponga.

La antigua Escritura anunciaba ya la persona y actividad de Jesús que había de realizar la liberación definitiva. En el mundo que había rechazado la luz (1.10) quedó un testigo de la esperanza.

Sugerencias de lectura

  • Annie Jaubert, El Evangelio según san Juan. 6ª ed. Estella, Verbo Divino, 1987 (Cuadernos bíblicos, 17).
  • Juan Mateos y Juan Barreto, El evangelio de Juan: análisis lingüístico y comentario exegético. 3ª ed. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1971.
  • Pablo Richard, “Claves para una re-lectura histórica y liberadora (Cuarto Evangelio y Cartas)”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 17, 2001, pp. 7-33, centrobiblicoquito.org/images/ribla/17.pdf.