Lucas 4.16-30

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| July 19, 2021

Jesús cerró el libro, lo devolvió al encargado y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga se quedaron mirándolo. Entonces Jesús les dijo: “Hoy se ha cumplido ante ustedes esto que he leído”.

Lucas 4.20-21, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo bíblico

Dos volúmenes del autor estadunidense Jack Dean Kingsbury (1934), especialista en los evangelios, muestran, desde su título, buena parte de las dimensiones de lo acontecido con la presencia de Jesús en su manifestación plena del Reino de Dios en el mundo. Conflicto en Marcos y Conflicto en Lucas son los títulos de ambos, lo que da a entender cómo, en medio de la narración positiva de los evangelistas, surgen a cada paso situaciones conflictivas a causa de la profunda oposición entre “el vino nuevo” del Reino y los “odres viejos”, caducos, del mundo (Mr 2.21-22; Lc 5.33-39).

El conflicto en Lucas: la novedad radical de Jesús

Un nuevo régimen no puede ser contenido por estructuras antiguas, superadas, que deben cambiar radicalmente. Y si esto vale, incluso cuando se habla de cambios de régimen político, cuanto más lo será para la enorme tensión que existe entre el Reino de Dios, la máxima realidad anunciada por Dios, y el mundo material, transitorio, sujeto a una gran variedad de condicionamientos y coyunturas. Esa metáfora, la del “vino nuevo”, expresa muy bien la dificultad de colocar la novedad absoluta de Dios entre la cotidianidad de injusticia de la vida humana, estructurada alrededor de criterios sociales, políticos y económicos contrarios a la iniciativa divina de instaurar relaciones equitativas en todos los espacios humanos. Otra frase muy famosa es: “A los suyos vino y los suyos no le recibieron…” (Jn 1.11), la cual coincide plenamente con la perspectiva de Mateo, en la que Jesús es abiertamente rechazado por los judíos en conjunto.

En Lucas se presenta “el conflicto socio-religioso que genera la persona de Jesús, en tres frentes: la recepción de su mensaje en sus propios discípulos, la reacción del pueblo judío y sobre todo el conflicto con las autoridades —judías y paganas— que conducen a la muerte (y resurrección) del personaje central, el Nazareno” (Antonio Piñero). Es importante tener en cuenta que aquí, según la narración de Lucas, “el Espíritu Santo y la Palabra son la chispa que enciende el fuego de la misión de Jesús. Pero Lucas no se queda sólo en la importancia de la Palabra que adquiere en Jesús esas características de concreción y cumplimiento; hay otros aspectos que siempre estarán presentes en la vida de Jesús y que Lucas pone en esta primera escena del ministerio público: el rechazo a Jesús y a su palabra” (Biblia de Nuestro Pueblo).

Podría decirse que Jesús tomó por sorpresa a sus hermanos de Nazaret cuando, luego de leer el rollo de Isaías 61 afirmó, sobre sí mismo, que en ese momento estaba alcanzando cumplimiento la profecía. Según Kingsbury, con ese pronunciamiento, Jesús enfáticamente invitó al pueblo a reconocerlo como Mesías y a sumarse a su causa, algo que estuvo muy lejos de suceder.

Jesús fue rechazado e incomprendido

El rechazo de que fue objeto comenzó siendo simpatía y admiración (4.22) pero se transformó en clara hostilidad suscitada por la duda sobre su persona: “¿No es éste el hijo de José?”, y sobre su poder (23). El conflicto aumentó al momento de que Jesús recordó los milagros hechos en Capernaum, lo que inmediatamente encendió los celos de los nazarenos (23b). Ése fue el momento en que pronunció las palabras: “Pero les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su propio pueblo” (24) que terminó por disminuir drásticamente las posibilidades de una buena recepción y, literalmente, volteó a su auditorio en su contra, especialmente cuando agregó dos relatos antiguos sobre la actuación de Dios fuera de Israel: Elías y la viuda de Sarepta (Sidón) y Eliseo con Naamán, general del ejército sirio (25-26). “Los dos ejemplos proféticos ofrecidos por Jesús ilustran que ‘Dios ama al extranjero’ (Dt 10.18) y que la elección de un pueblo no da a éste el derecho de controlar a Dios, sus enviados y sus beneficios, excluyendo a los otros” (Yves Saoût).

Sus paisanos intentan eliminarlo (28s), lo cual da pie a Jesús para dejar claro que, si ellos rechazan su propuesta y su misión, de todos modos, otros, que no son israelitas, estarán dispuestos a aceptarlo; para ello se vale de la evocación de Elías y de Eliseo que realizaron signos divinos entre paganos y lograron mejores frutos.

Jesús es mucho más que un enviado de Dios, puesto que tiene como programa actuar en favor de los pobres, lo que suscita a la vez adhesión y rechazo, como todos los profetas. Las gentes de Nazaret habrían podido formar parte de los “testigos oculares” mencionados por Lucas en su prefacio. En todo caso, cada lector puede actuar de modo que la Palabra de Dios, escrita en el AT (como Isaías) o en el NT (como Lucas), “se cumpla hoy” mediante su compromiso con el programa de Jesús (Y. Saoût).

Conclusión

Jesús fue portador, representante y manifestación viva del Reino de Dios en el mundo, de ahí las dificultades tan grandes que hubo para recibirlo como tal en el mundo contradictorio con todas sus implicaciones, esperanzas y juicio de por medio. Fue un inmenso desafío que el judaísmo de su época no alcanzó a comprender. Ello se debió a la radical novedad que introdujo en el ambiente religioso tan viciado que no supo recibirlo ni entenderlo. Ni los líderes religiosos, ni el pueblo en general, fueron capaces de percibir lo que Dios quería enseñarles a través de Jesús y eso avivó una reacción negativa que les impidió advertir los rasgos del Reino de Dios que aparecieron y se desplegaron ante sus ojos. Las bendiciones divinas que compartió en la vida de los más necesitados y la forma en que la misericordia se mostró a través de él pasaron desapercibidas para la gran mayoría de sus contemporáneos.

El carácter escondido y hasta enigmático del Reino de Dios, al cual se refirió en diversas ocasiones, hizo que su labor, aun cuando fue de beneficio para los pobres y marginados, no alcanzase a ser aceptada como la revelación plena del amor del creador. Por ello, hoy los/as creyentes somos llamados a notar en las manifestaciones claras del amor y la justicia del Señor la venida, presencia y proyección del Reino anunciado por Jesús de Nazaret, justamente en el camino de producir mejores relaciones de convivencia en medio de un mundo tan complejo e injusto.

Sugerencias de lectura

  • Jack Dean Kingsbury, Conflicto en Marcos: Jesús, autoridades, discípulos. Córdoba, El Almendro, 1989 (En torno al Nuevo Testamento, 10)
  • Jack Dean Kingsbury, Conflicto en Lucas: Jesús, autoridades, discípulos. Córdoba, El Almendro, 1992 (En torno al Nuevo Testamento, 15).
  • Antonio Piñero, “Conflicto en Lucas. Jesús, autoridades, discípulos”, en Tendencias 21, 30 de marzo de 2010, tendencias21.net/crist/Conflicto-en-Lucas-Jesus-autoridades-discipulos-138_a435.html.
  • Yves Saoût, Evangelio de Jesucristo según san Lucas. Estella, Navarra, 2007 (Cuadernos bíblicos, 137), mercaba.org/SANLUIS/CUADERNOS_BIBLICOS/137%20Evangelio%20de%20Jesucristo%20seg%C3%BAn%20San%20Lucas%20(YVES%20SAOUT).pdf.