Marcos 1.14-20

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| January 25, 2021

Jesús les dijo: “Síganme. En lugar de pescar peces, les voy a enseñar a ganar seguidores para mí”.

Marcos 1.17, TLA

Trasfondo bíblico

Jesús de Nazaret no fue el primero en formar un grupo de discípulos dentro o fuera de Palestina. Era la costumbre de los grandes maestros de la filosofía o la religión. De hecho, la existencia de los grupos de discípulos fue la manera en que se extendían las creencias o las prácticas en la antigüedad. Su antecedente inmediato, Juan, el llamado Bautista, también formó un grupo así, del cual salieron algunos discípulos para unirse al suyo (Jn 1.35-42). Siendo el de Marcos el primer documento llamado “evangelio” que da cuenta de las acciones de Jesús, es determinante encontrar en él la narración del encuentro de Jesús con quienes serían sus discípulos y, por lo tanto, continuadores de su trabajo al servicio del Reino de Dios.

El breve pasaje de los vv. 14-20 concluye la introducción del evangelio (vv. 1-13) y da comienzo a una nueva etapa: la intensa actividad de Jesús en Galilea, que empezó precisamente cuando terminó la de Juan el Bautista (14a), con su encarcelamiento, cuyas causas no se explican. Jesús no fue un continuador de Juan pues modificó sustancialmente su práctica y su mensaje (Carlos Bravo Gallardo). Varias serían las diferencias con Juan: “Cambia el contenido del anuncio: no un bautismo para perdón, sino la llegada de Dios mismo a reinar; no una conversión para escapar del castigo, sino para ser capaz de recibir el don del Reino; no algo para el futuro, sino la urgencia de un presente que ofrece nuevas posibilidades. Jesús no es el relevo de Juan sino su plenitud” (Ídem, énfasis agregado).

Proclamar la venida del Reino, tarea principal de Jesús

La actividad principal de Jesús fue “proclamar” o “predicar” a partir de una premisa central que antecede a su mensaje todo el tiempo: “Se ha cumplido el tiempo” (15a), una frase que indicaba el comienzo de una nueva etapa en la historia de la salvación. Jesús situó su trabajo (y el de sus seguidores/as) en el horizonte de este avance. Eso, a fin de mostrar la manera en que Dios se manifestaría en esa nueva fase: en continuidad con las promesas antiguas, pero con una fuerte ruptura con las formas religiosas tradicionales. De ahí que su vivencia del Reino de Dios fuera radicalmente distinta, aun cuando compartía algunos elementos de la predicación de Juan. El “Reino de Dios” no sería ya un lugar sino una experiencia de vida bajo los parámetros del proyecto divino (vida, justicia, solidaridad, fraternidad, paz). La presencia de Jesús vendría a hacer cercano ese reino, algo diametralmente distinto a lo anunciado por Juan.

En continuidad con ese mensaje, Jesús también llama al arrepentimiento. “Arrepentirse” significa cambiar de rumbo, volver a Dios, en este caso, creer en la Buena Noticia (v. 15). “Jesús tiene la experiencia de la oferta definitiva que Dios hace ya al hombre y la traduce en su mensaje y en su práctica” (Ídem). Jesús experimentó una urgencia espiritual mediante la cual el tiempo divino comenzó a precipitarse sobre la historia humana para mostrar sus designios más abiertamente. En ese contexto, “la exhortación al cambio se convierte así en fuerza movilizadora de discernimiento y acción” (Ídem). Se anuncia explícitamente que el gobierno de Dios es el único genuino y confiable. A partir de ello: “Jesús llama, elige a sus discípulos, para dar sentido comunitario a su misión. Sin comunidad no hay reino. Tradicionalmente los discípulos buscaban a su maestro. Aquí es Jesús el que toma la iniciativa: llama a sus discípulos y los hace pescadores de hombres, metáfora que da sentido universal a su misión” (La Biblia de Nuestro Pueblo). Su acción inicial será dejar y seguir. Además, ellos cambiaron un lugar social de seguridad económica y familiar por otro de desposesión e inseguridad que los llevaría a la predicación itinerante (6.7-13). Dejaron un trabajo conocido por otro desconocido (v. 17) para el que no estaban preparados, y un proyecto personal centrado en sus propias necesidades y las de su familia, por otro en el que tendrían la primacía las necesidades de los demás. Ese cambio es condición para que puedan integrarse en la comunidad de seguidores/as de Jesús, corresponsables de la causa del Reino (C. Bravo Gallardo).

La respuesta de los primeros discípulos llamados

Los primeros discípulos respondieron con prontitud al Maestro, y dejándolo todo le siguieron para entrar a un proceso intensivo de formación y preparación, pues en eso consiste la vocación cristiana: es el seguimiento radical a Jesús: Camino, Verdad y Vida. Esa preparación es lo que constituye el discipulado, esto es, el llamado a practicar un seguimiento sincero, profundo y responsable de Jesús, tal como brota del Evangelio revelado por Dios. Y ese llamado sigue vigente para hoy, exactamente igual que para quienes lo escucharon por primera vez, pero con la diferencia de que entre Jesús y nosotros se interponen muchísimos factores. En disonancia (a veces muy profunda) entre los valores y los principios del Evangelio y aquellos que dirigen o controlan nuestras vidas. La biblista y teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza ha reconstruido los inicios del movimiento de Jesús desde la perspectiva de las mujeres que lo siguieron fiel y comprometidamente. De ahí las palabras del teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer, quien se ocupó como pocos del tema del seguimiento de Jesús y planteó algunas preguntas cruciales para discernir y diferenciar entre el llamado que registran los evangelios y el llamado actual previo a la preparación para ponerse a su servicio en el mundo. “¿Adónde conducirá la llamada al seguimiento a los que sigan a Jesús? ¿Qué decisiones y rupturas llevará consigo?”.

El discipulado cristiano de hoy y la preparación para el servicio por parte de los nuevos discípulos guarda muchas diferencias con lo acontecido en el primer siglo, sobre todo por la acumulación de factores que se atraviesan para impedir su realización óptima en la vida de las personas. ¿Qué sucede cuando alguien es llamado a seguir a Jesús y a prepararse con él para una vida completa de servicio? Bonhoeffer responde, siguiendo las líneas generales que brotan del Evangelio mismo:

El que ha sido llamado abandona todo lo que tiene, no para hacer algo especialmente valioso, sino simplemente a causa de la llamada, porque, de lo contrario, no puede marchar detrás de Jesús. […] Uno es llamado y debe salir de la existencia que ha llevado hasta ahora […]

Lo antiguo queda atrás, completamente abandonado. El discípulo es arrancado de la seguridad relativa de la vida y lanzado a la inseguridad total (es decir, realmente, a la seguridad y salvaguarda absolutas en la comunidad con Jesús); es arrancado al dominio de lo previsible y calculable (o sea, de lo realmente imprevisible) y lanzado al de lo totalmente imprevisible, al puro azar (realmente, al dominio de lo único necesario y calculable); es arrancado de! dominio de las posibilidades finitas (que, de hecho, son infinitas) y lanzado al de las posibilidades infinitas (que, en realidad, constituyen la única realidad liberadora).

Conclusión

Al acto de obediencia que representa el seguimiento le seguirá, ineludiblemente, la preparación, el arduo aprendizaje al lado del maestro a fin de poderse dedicar plenamente a su servicio en las áreas que él determine. A eso son llamados todos quienes deseen ser discípulos verdaderos del Señor Jesucristo, aunque hoy nuestro discipulado adolece de muchas carencias, debilidades e inconsistencias. Se trata de una manera de seguir a Jesús un tanto “aburguesada”, que no afronta la radicalidad del llamado a causa de la forma en que “el afán de este mundo y el engaño de las riquezas” (Mt 13.22), entre otras cosas, pueden acallar o disminuir el impacto de ese llamado. Ellas amenazan con “ahogar la Palabra” y con reducir las exigencias del Evangelio a una mera caricatura religiosa.

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