Nehemías 9.1-12

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| September 6, 2021

Después de apartarse de todos los extranjeros, se pusieron de pie, confesaron sus pecados y reconocieron la maldad de sus antepasados. Durante tres horas permanecieron en ese mismo lugar, mientras se les leía el libro de la Ley de Dios.

Nehemías 9.2-3, TLA

Trasfondo bíblico

En Nehemías 9 aparece la oración más grande de toda la Biblia. Su filiación con otras oraciones, como las recogidas en Esdras 9.6-15, Isaías 59.1-15 y Daniel 9.4-19 (también de confesión de pecados, sin olvidar los Salmos 32 y 51), y con extensos recuentos históricos tales como los Salmos 44 y 78, hacen de ella un gran resumen de la historia de la salvación en una época marcada por la crisis y la ausencia de los asideros concretos con los que contó el pueblo en otro tiempo. Ya sin territorio ni monarquía propios, sin independencia y en pleno proceso de reconstrucción religiosa, cultural y social, esta plegaria se presenta como parte de ese mismo proceso y en camino a la consolidación de una nueva visión presente y futura acerca de la vida del pueblo en consonancia con la voluntad de Dios. La confesión, entendida como la condición indispensable para toda expresión litúrgica bien fundamentada en las condiciones de la alianza, representaba siempre un momento de concentración espiritual máxima en la que las personas y las comunidades debían recapitular las acciones concretas de desobediencia y, a partir de tales recuentos, renovar la existencia y relanzar la fe. Lv 16.30 explica el proceso de santificación como una actividad sacerdotal autorizada por Yahvé. “La tradición de la justicia se refiere a la vida político-económica de la comunidad y urge una drástica actividad de trasformación y rehabilitación. La tradición de la santidad se centra en la vida cultual de la comunidad, buscando la restauración de una santidad perdida, en virtud de la cual se pueda contar de nuevo con la presencia de Dios y disfrutar de ella” (Walter Brueggemann).

El acto de confesión comunitaria

El capítulo puede dividirse en dos secciones. La primera relata los detalles de un acto solemne de confesión, arrepentimiento y penitencia (vv. 1-5); la segunda es la prolongada oración de confesión como tal, que sintetiza las relaciones entre Dios e Israel en el marco de la alianza antigua (vv. 6-37). Ambas secciones están unidas, aunque pueden proceder de una redacción independiente. El redactor, en su faceta de cronista, las juntó para mostrarlas como partes de las reformas y actividades de Esdras, así como “para relacionar la confesión de pecados y el arrepentimiento del pueblo con el programa de restauración nacional. La oración enfatiza la infidelidad del pueblo y la misericordia de Dios” (Samuel Pagán). Es muy importante advertir el propósito teológico de estas dos secciones, y su cercanía con las reformas específicas de Esdras (Neh 7.73b-10.39). La estructura de toda esta sección muestra la proyección de lo logrado hasta ese momento y la consecución de los aspectos espirituales de la reconstrucción del pueblo: a) lectura de la ley; b) celebración de la fiesta; c) culto de arrepentimiento; d) confesión de pecados; y e) renovación del pacto.

Esta manera de exponer la renovación religiosa del pueblo está en sólida consonancia con la restauración física de la ciudad y los demás aspectos de la reedificación integral del pueblo, la ciudad y lo que podía considerarse aún como nación. Según el relato, el día de arrepentimiento y confesión se celebraba durante el séptimo mes (v. 1): la expresión visible del dolor por el pecado está a la vista. La fiesta de los tabernáculos comenzaba el día 15º y duraba 7 días (Lv 23.33), a lo que le seguía en el día 24 día del mismo mes, el día de confesión. “En el culto hay demostraciones de duelo nacional y el pueblo confiesa no sólo sus pecados, sino el de sus antepasados [v. 2]. Es importante notar que el tema de la solidaridad con los antepasados es importante en los libros de Esdras-Nehemías. El mismo se desarrolla como el tema principal en la oración que se presenta en la próxima sección” (S. Pagán).

Confesión y ley en la vida del pueblo

El acto de confesión como tal duró tres horas, mientras se leía nuevamente la ley (v. 3). Los ayudantes de Nehemías que estaban en la plataforma “oraron a Dios en voz alta” y expresaron la celebración doxológica que el momento exigía (vv. 4-5).

Llama la atención que en el análisis de esta sección no se menciona a Esdras. La narración únicamente enfatiza la labor educativa y litúrgica de los levitas. Para el autor-cronista la referencia a Esdras en el capítulo anterior (Neh 8.1-2, 4-6a, l8) era suficiente para indicar la importancia de su contribución en la renovación del pueblo. […]

Los levitas, cuya labor era muy importante para el autor-cronista (II Cr 20.21), no sólo ayudaban al pueblo a entender la ley (véase 8.7-9), sino que participaban y contribuían en la liturgia. Posiblemente, durante el culto, el primer grupo (v. 4) hacia algún tipo de gesto o grito de dolor, el segundo, recitaba alguna oración de confesión. La segunda parte del v. cinco relaciona la labor de los levitas con la oración de confesión que se presenta en los vv. 6-37 (S. Pagán).

La oración del pueblo comienza en el v. 6 con un reconocimiento de Dios como creador de todas las cosas y de su dignidad eterna para la adoración. En el v. siguiente se subraya el inicio mismo de la historia de salvación en la figura de Abraham, de quien se dice que era una persona confiable (8). Se incluye la promesa de la tierra que, estando habitada, sería desalojada para ocuparla (8b). A continuación, se narra el segundo gran momento del relato salvífico, la liberación de Egipto, el acontecimiento fundador de la nación hebrea (9-12), en el que se configuró como un pueblo forjado por el propio Yahvé. Las acciones épicas de Dios para liberar al pueblo son descritas tal como aparecen en los relatos más antiguos, pues el apego a la tradición es evidente para consolidar la memoria y la identidad de las nuevas generaciones en medio de circunstancias sumamente complejas e imprevistas. Al subrayar el clásico episodio de la presencia de Dios en el desierto (12), el pueblo debía recordar la forma en que Él siguió acompañando al pueblo a pesar de sus fuertes inclinaciones hacia la desobediencia.

Conclusión

Quizá una de las grandes lecciones del inicio de Neh 9 es la necesidad de conectarse de manera muy consistente y clara con la historia de la salvación, es decir, con todos los procesos divino-humanos en los que la alianza se desdobló en episodios muy concretos en los que nuevamente hubo conflictos y crisis, pero que finalmente sirvieron para destrabar las relaciones de Dios con su pueblo. El marco de la alianza era insustituible para la comprensión nueva de lo sucedido: cada vez que el pueblo, en sus diversos momentos, estuvo al borde de la destrucción total, la memoria activa y vivificante de esa alianza eterna debía contribuir a recuperar el proyecto original de Dios que seguía vigente: ser bendición efectiva para todos los demás pueblos de la tierra. Ése fue el sentido de la conclusión a la que se llegará al final de la oración de confesión comunitaria: “Por todo esto que nos ha pasado, nosotros los israelitas nos comprometemos firmemente a obedecer a nuestro Dios. Este compromiso lo ponemos por escrito, sellado y firmado por nuestros jefes, los sacerdotes y sus ayudantes” (38). El enorme esfuerzo de confesión comunitaria traería frutos positivos para el pueblo.

Sugerencias de lectura

  • Walter Brueggemann, Teología del Antiguo Testamento. Un juicio a Yahvé. Testimonio, disputa, defensa. Salamanca, Ediciones Sígueme, 2007 (Biblioteca de estudios bíblicos, 121).
  • Samuel Pagán, Esdras, Nehemías y Ester. San José, Caribe, 1992 (Comentario bíblico hispanoamericano).