Efesios 5.21-33

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| May 20, 2017

Trasfondo del texto. Las familias en la Biblia

Contra lo que parecería una realidad uniforme, los relatos bíblicos incluyen una amplia variedad de relaciones familiares con grados variables de comunicación y fe. La riqueza narrativa de la Biblia procede de una profunda indagación en la existencia humana que va más allá de los estereotipos y fórmulas con que queremos aprehender su testimonio. Hemos construido un esquema ideal que choca, a veces frontalmente, con la enorme pluralidad que reflejan los textos. Esta idealización propicia desde intolerancia hasta la insistencia en imponer un modelo de familia que no necesariamente coincide con las necesidades actuales. En el ámbito cristiano, muchas veces se promueve un modelo de familia que pasa por alto las presiones ideológicas y culturales de la época en que se vive, dejando de lado que el comportamiento familiar responde a esas y otras orientaciones.

Cuando se habla tanto, en nuestro medio, de valores familiares tradicionales deberíamos valorar adecuadamente la influencia de la cultura y la moral marcada por los lineamientos de algunas clases sociales. El concepto burgués del amor, por ejemplo, requiere un análisis a fondo que evidencie cómo los comportamientos sociales moldean la práctica y la búsqueda de los sentimientos. Si el fundamento básico de la familia es el amor, es necesario también revisar el concepto bíblico del mismo para marcar pautas aplicables en ciertas condiciones. Otro aspecto innegable consiste en que, incluso en familias muy creyentes, se siguen experimentando formas de violencia producto del patriarcalismo (machismo) tan arraigado y que han sido “bautizadas” por algunas estructuras eclesiásticas empeñadas en perpetuar el dominio de los hombres sobre las mujeres.

Familias cristianas sanas

Los textos del Nuevo Testamento, especialmente los que proceden del ámbito paulino (como Efesios 5), son utilizados y manipulados para legitimar el sometimiento de la mujer, pues se pasan por alto las exhortaciones del Apóstol dirigidas específicamente a los varones. A ellos se les exhorta amar a sus mujeres “como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella” (5.25). Dado que el sometimiento, dice el texto, debe ser mutuo, quedan excluidas las luchas de poder (5.21), lo que debería dar pie para relaciones basadas en el respeto y, sobre todo, pensando en las necesidades actuales, en la imperiosa necesidad de que los hombres y las mujeres desarrollen todas sus capacidades y vocaciones en un marco de promoción de su dignidad humana en todos los sentidos. Lo que se aprecia, tristemente, es que se transmite un conjunto de valores ligados más al conservadurismo que a los avances sociales y culturales. Las iglesias deben revisar sus propios esquemas para contribuir a la consolidación de familias sanas y equilibradas.

Como resume bien José Luis Caravias:

En la familia tradicional muchas veces el padre hace de patrón indiscutible. La dirección y las decisiones están sólo en sus manos. El poder del padre de familia a veces llega a ser prácticamente absoluto sobre la mujer, los hijos, la casa y los bienes. Y en la vida pública, la mayoría de las veces sólo él se siente llamado al prestigio y al poder.

Prácticamente en todos nuestros ambientes populares la esposa tiene a veces una condición equivalente a la de una menor de edad, sólo que la patria potestad sobre ella la ejerce el marido y no el padre. Debe subordinarse al marido, admitiendo sus órdenes y tolerando, si es preciso, sus arbitrariedades y abusos. No hay apenas condiciones para el diálogo. El padre de familia se siente llamado a ser duro, sin acceder a blanduras “femeninas”. Piensa que no debe manifestar sus sentimientos más íntimos; no debe rebajar su autoridad, dando razón a los hijos o rebajándose a dialogar con ellos de igual a igual; no debe perder nunca la primacía en todo, aunque realmente no la tenga.

La mujer, en cambio, piensa que no debe abandonar jamás su natural posición de inferioridad y obediencia. Los hijos, aunque hoy estén más preparados y tengan planteamientos nuevos, deben callar y transigir; son menores perpetuos, a los que se pide obediencia total.

Así resulta que la familia se convierte de hecho en cimiento de una sociedad represiva, ya que el mundo en que vivimos está organizado de acuerdo con un hecho fundamental: la desigualdad. Desde este tipo de familia es posible la existencia de este orden sociopolítico y cultural que beneficia a una minoría y oprime a casi todos. Ello se justifica ya desde la infancia, pues ese aprendizaje de la desigualdad como algo irremediable lo recibe el niño a través de los padres. Si los padres hacen suya la ideología del orden establecido, ésa sociedad tiene asegurada su reproducción, pero una reproducción donde la desigualdad y la opresión serán signos característicos.

Por ello, el acercamiento a los aspectos bíblico-teológicos, en diálogo serio con los desarrollos actuales de la psicología y otras disciplinas puede ayudar a valorar con más elementos en juego el peso específico de la fe. Además, pueden valorarse sus efectos en la conformación y consolidación de núcleos familiares en donde prive el respeto, la igualdad y la justicia, valores íntimamente ligados al Reino anunciado por Jesús de Nazaret. Nos acercaremos, entonces a algunos de estos tipos familiares presentes en las Escrituras, cuyo conjunto forma un abanico de posibilidades de análisis de la situación actual.

Algunos tipos de familia presentes en la Biblia y sus problemas

a) Matrimonios monógamos

Génesis 2.22-25, Elizabeth y Zacarías (Lucas 1.5-25), María y José (Mt 1.18-25), Priscila y Aquila (Hechos 18.2-3, 24-26). Sin ser el ideal absoluto, aparecen en la cotidianidad de su pueblo enfrentando diversas situaciones sociales. La estabilidad de algunos de ellos nunca es presentada como modelo absoluto.

 b) Familias extendidas, incluyendo abuelos, padres, hijos, siervos

La familia de Abram y Sarai incluyó el padre de Abram y el sobrino (Génesis 11.31); Jacob y sus esposas Lea y Raquel vivieron con su padre Labán y con la familia extendida (Génesis 29-31); la familia de Pedro incluyó la madre de su esposa (Marcos 1.29-31); la familia de Timoteo incluía a su madre Eunice y su abuela Loida (2 Timoteo 1.5). Las situaciones vividas por Abraham forman una cadena que continuó con sus hijos Isaac e Ismael, con sus nietos Jacob y Esaú, y su bisnieto José. Prácticamente toda la segunda parte del libro del Génesis está dedicada a esos problemas.

 c) Familias dirigidas por una mujer

Rahab y su hogar (Jos 2; 6.22-25). El hogar de Lidia (Hch 16.14-15), las viudas y sus hijos (I Reyes 17.8-16, II Reyes 4.1-7, Lc 7.11-15). A contracorriente del modelo esbozado en la Ley mosaica, varias mujeres afrontaron dignamente la responsabilidad de estar al frente de sus familias. El caso de las hijas de Lot es ejemplo de la protesta de las mujeres de Israel sobre su destino incierto en situaciones de indefensión y abuso.

 d) Adultos solteros compartiendo un hogar

Marta, María y Lázaro (Lc 10.38-39, Jn 11.1). Adultos jóvenes solteros: he aquí un dilema para el ideal esbozado en el salmo 127. La soltería prolongada y la participación familiar no son mostradas como problemáticas, pero en la actualidad están generando situaciones sumamente complejas.

 e) Adultos sin relación familiar viviendo unidos en comunidad

Un grupo de leprosos que probablemente vivieron juntos (Lc 17.12), las viudas que lloraron por la muerte de Dorcas también probablemente vivían juntas (Hch 9.36-39). El problema de personas enfermas o con situaciones difíciles de aceptar aparece en varias oportunidades. La viudez fue trabajada específicamente al grado de que su cuidado y defensa se volvió un leitmotiv profético importantísimo. El cristianismo del N.T. también las incluyó casi como un ministerio. Hoy la situación es muy diferente.

 f) Personas más jóvenes cuidando ancianos

Rut cuidando de Noemí (Rut 1.16-18, 4:15b), Juan cuidando a la madre de Jesús (Jn 19.26-27); y Rufo cuidando a su madre (Ro 16.13). Abram y Sarai fueron a Egipto (Gn 12.10-20), José y su familia extendida fueron a Egipto (Gn 47.1), Noemí y Elimelec fueron a Moab (Rut 1.1-2). Familias extraordinarias y con necesidades distintas.

g) Adopción dentro de la familia

Mardoqueo adoptó a su prima Ester (Est 2.15, 20), Abraham adoptó a Eliezer, un esclavo (Gn 15.2-3), la hija del Faraón adoptó a Moisés (Éx 2.5-10). Una realidad tan aceptada hoy, pero que crea su propia problemática.

 h) Matrimonios interculturales e interraciales

Moisés se casó con Séfora de Madián (Éx 2.15-21), Mahlón y Quelión de Judea se casaron con Orfa y Rut de Moab (Rut 1.4), Rut se casó con Booz de Judea (Rut 4.9-10), Timoteo tuvo madre judía y padre griego (Hch 16.1-3). Había matrimonios mixtos en Corinto (I Co 7.12-16). Entre el sectarismo y el universalismo amplio según la voluntad de Dios, este tema es de los más polémicos, pues hay evidencias bíblicas en sentidos opuestos: aceptación incondicional y rechazo radical.

 i) Personas sin relación familiar que viven y viajan juntos

Mujeres y otros discípulos que viajaban con Jesús (Mt 4.18-23, Mr 15.40-41, Lc 8.1-3); líderes de la iglesia inicial que vivían y viajaban juntos (Hch 1.12-14, 9.32-43, 18.1-21). La nueva comunidad de Dios fue fundada por Jesús cuando “desconoció” a su familia consanguínea y abrió la puerta para nuevas formas de convivencia.

Conclusión

El panorama pretende mostrar cómo, en diversos ámbitos históricos y culturales, la constante fue la integración comunitaria y espiritual en la búsqueda de obediencia común a la voluntad de Dios. Algunos episodios, especialmente los ligados a los patriarcas antiguos, deben ser leídos con un juicio sumamente crítico, pues aparecen temas tan complejos como la poligamia y el incesto, entre otros. El comportamiento comunitario, en las diversas etapas históricas obedeció a las normas prevalecientes, propias de épocas que evolucionaron hacia formas y modelos de vida que sufrieron revisiones teológicas profundas. Un punto de partida bíblico para la revisión somera de estos casos es el reconocimiento de la existencia de los “padres y madres” de Israel. El poder patriarcal ha marginado el recuerdo de las enormes aportaciones de las mujeres que aparecen, muchas veces anónimas. Para las familias de hoy resulta muy importante incluir la participación de sus integrantes en la vida comunitaria y social para que todos ellos experimenten la importancia que merecen.

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