I Reyes 21

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| August 28, 2017

Entonces Dios le dijo al profeta Elías: “Ve a Samaria y busca a Ahab, el rey de Israel. Él fue a adueñarse del viñedo de Nabot. Debes decirle que va a morir, pues mató a Nabot y se adueñó de su viñedo”.

I Reyes 21.17-19a

La gloria de Dios es el ser humano vivo; la vida del ser humano es la visión de Dios.

Ireneo de Lyon, Contra los herejes

Trasfondo bíblico

Una tendencia pocas veces confesada en el seno de las iglesias es la “reivindicación de los derechos divinos”, pues aunque la práctica de lo que se conoce como “apologética”, es decir, la defensa de la fe bíblica ante sus enemigos, ha visto pasar sus mejores días, se insiste en subrayar, incluso pasando encima de la evidencia bíblica, que Dios requiere ser “defendido” a toda costa. Con ello, su gloria no sufrirá ofensa alguna, como si esto fuera posible y los seres humanos que se atreven a hablar en su nombre fueran sus insustituibles garantes o defensores. Esto pasa por alto, entre otras cosas, el sentido de la gran afirmación de Ireneo acerca de que si en algo consiste la gloria de Dios, o en qué lugar espera ser glorificado, es precisamente en la vida de los seres humanos. Eso no en términos de que éstos verbalicen o expresen que la reconocen, sino en que su propia existencia se mantenga en calidad y dignidad. De esta manera, Ireneo, obispo de Lyon en el segundo siglo (discípulo de Policarpo, obispo de Esmirna, discípulo directo del apóstol Juan), se anticipó a lo que es la esencia teológica de los derechos humanos. Porque a Dios le importa, y mucho, destacar y hacer presentes en la historia los derechos de la humanidad.

¿Derechos humanos en la Biblia?

El concepto de derechos humanos nació justamente cuando, al pertenecer o no a un grupo particular, las personas defienden los derechos de otros que no pertenecen al mismo grupo, en el espíritu de las famosas palabras del pastor luterano Martin Niemöller (1892-1984), quien participó activamente en la resistencia al nazismo hitleriano alemán:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,

guardé silencio, porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté, porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,

no protesté, porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera protestar.

En el caso de la viña de Nabot (I Reyes 21), el profeta Elías (cuyo nombre significa: “Yahvé es Dios”) no apareció solamente para defender el honor divino sino también para denunciar el enorme agravio de que había sido objeto Nabot, un vecino del palacio, al acusarlo de blasfemar contra Dios (¡los defensores del honor de Dios que nunca faltan! ¡Más piadosos que Dios mismo!, v. 10). Así justificaron un crimen en nombre de lo sagrado. La respuesta del Señor por boca de Elías es contundente: “¿No mataste y también has despojado?” (v. 19a). El estudioso español José Luis Sicre resumió muy bien los niveles de abuso y complicidad de esta historia:

…a medida que nos alejamos del verdadero culpable, aumenta la actividad y colaboración en la muerte del inocente: el rey se acuesta en su lecho, la reina escribe cartas, las autoridades proclaman un ayuno y colocan a Nabot frente al pueblo, los falsos testigos dan testimonio contra él, el pueblo lo apedrea. Al final, el rey ni siquiera sabe realmente lo que ha ocurrido. Y no desea saberlo. Con las manos limpias puede bajar a la viña para apoderarse de ella.

La defensa de los derechos humanos en la Biblia y en la Iglesia

Tendremos que arrepentirnos en esta generación no solamente por las palabras odiosas y acciones de la mala gente, sino por el espantoso silencio de las buenas personas.

M.L. King, Jr.

Martin Luther King Jr. alcanzó lo que muy pocos en su país han logrado: que un día de asueto lleve su nombre. Sin embargo, ése no fue nunca su objetivo, puesto que su único interés estaba centrado en lograr ampliar las libertades civiles, como se les llamaba entonces, a la población negra. Su discurso más famoso, “Yo tengo un sueño”, pronunciado el 28 de agosto de 1963 en Washington, contiene algunas de las palabras más proféticas que se hayan pronunciado en este continente, especialmente si se toma en cuenta la cultura bíblica estadunidense:

Existen aquellos que preguntan a quienes apoyan la lucha por derechos civiles: “¿Cuándo quedarán satisfechos?” Nunca estaremos satisfechos en tanto el negro sea víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremos satisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados con la fatiga del viaje, no puedan acceder a alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremos satisfechos en tanto la movilidad básica del negro sea de un gueto pequeño a uno más grande. […]

¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo un sueño que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada, y toda la carne la verá al unísono.

Ésta es nuestra esperanza. Ésta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza.

Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.

Preguntemos: ¿qué era esto: una proclama política o un sermón? Con temor y temblor debemos reconocer que era las dos cosas, igual que hacían los profetas bíblicos. En nuestro medio, en donde los líderes religiosos pocas veces se vinculan a la defensa de las mayorías o minorías necesitadas, pues su labor principalmente es espiritual y religiosa, los postulados bíblicos sobre lo que hoy se denomina “derechos humanos” pasan muchas veces desapercibidos porque, se dice, la Iglesia no está para formar “activistas sociales” sino “buenos cristianos/as”, como si una cosa estuviera peleada con la otra. De este modo, se deja de ver el esfuerzo divino, como en Apocalipsis 18, de reivindicar a los seres humanos que son objeto de abuso y Dios mismo asume la defensa de sus derechos, pues ellos y ellas habían sido convertidos en una mercancía (v. 13c: “esclavos, almas de hombres”), incluso si debe enfrentar un imperio económico y político, como es el caso del imperio romano. El v. 20 lo afirma tajantemente: “Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella”.

Conclusión

Dios mismo es, pues, un defensor absolutamente insobornable de los derechos humanos y enseña en su Palabra la forma en que su pueblo puede y debe sumarse a su promoción y reivindicación mediante una reflexión seria sobre esta problemática. Observar, razonar y tomar partido por la gente violentada es parte de un proceso profundamente espiritual que puede conducir a los creyentes a la práctica de una solidaridad visible y efectiva. El periodista Pedro Miguel, al conocer el texto citado de Niemöller, elaboró uno más actualizado que permite comprender mejor el asunto:

Cuando la migra deporta a los indocumentados

me quedo en silencio; yo sí tengo visa.

Cuando persiguen a los islámicos

no abro la boca;

no soy fiel de Mahoma.

Cuando privatizan el agua

me importa un rábano;

no tengo sed.

Cuando agravian a los homosexuales

no digo nada;

no vaya a ser que me confundan con uno de ellos.

Cuando oprimen a los indígenas

no pronuncio palabra;

no hablo mixteco.

Cuando despojan a los palestinos

me hago el desentendido;

Belén queda muy lejos.

Cuando masacran a los iraquíes

no protesto;

no nací en Babilonia.

Cuando diezman a los chechenos

me quedo mudo;

¿dónde está Chechenia?

Cuando la derecha hace fraude

no salgo a las calles;

no soy de izquierda.

Cuando matan a las muchachas juarenses

miro hacia otro lado;

no soy empleada de maquila.

Cuando fabrican culpables

no leo la noticia;

yo soy inocente.

Cuando los pederastas abusan de las niñas

no me interesa el tema;

yo no soy niña.

Cuando los curas violan a los muchachos

no hago ningún escándalo;

yo soy adulto.

Cuando me persigan, me deporten, me satanicen, me pateen, me despojen, me agravien, me opriman,

me violen y me maten,

nadie va a protestar

porque no habrá quedado nadie.

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