Marcos 8.27-38

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| February 24, 2017

EL CAMINO DE JESÚS: DE LA CLANDESTINIDAD AL MARTIRIO (Mr 8.27-38)

Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos lo que le iba a pasar: “Yo, el Hijo del hombre, voy a sufrir mucho. Seré rechazado por los líderes del pueblo, por los sacerdotes principales y por los maestros de la Ley. Me van a matar, pero tres días después resucitaré”.

Marcos 8.31, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo del texto. La acción de Jesús en Marcos

El evangelio de Marcos tiene varias características llamativas: fue el primero en redactarse y, por ello, fue el iniciador del género literario creado específicamente para narrar la vida, muerte y pasión de Jesús de Nazaret; es el más breve, a pesar de que es el que en ocasiones incluye mayores detalles sobre ciertos sucesos. El peso específico de este evangelio en la construcción de una nueva manera de mirar y entender a Jesús en América Latina se ha consolidado con el paso del tiempo, pues el esfuerzo narrativo del texto ha sintonizado muy bien con la necesidad de delinear lo mejor posible la figura del llamado Jesús histórico. Es decir, aquel hombre quien, luego de vivir su infancia y juventud en Galilea, se vio movido a comenzar una serie de acciones discursivas, proféticas, simbólicas y de beneficio para el pueblo pobre en nombre de lo que él denominaba el Reino de Dios. Eso lo llevaría hasta la capital de su patria para que, ante las acusaciones de los dirigentes religiosos ante el poder romano, fuera arrestado, torturado y masacrado bajo el cargo de sedición y revuelta pública. La razón del atractivo de Marcos para personas con una mentalidad sometida la explica muy bien Eliseo Pérez: “Jesús echó su suerte con las personas de abajo: las mujeres, los niños, las masas empleadas, subempleadas y desempleadas, la población marginada por los estigmas sociales y religiosos. En pocas palabras, Jesús apostó por las personas que automáticamente interiorizaban la mentalidad colonizada, de valer menos, de ser indignas del amor de Dios. Marcos, como ya se dicho, recoge ‘la visión de los vencidos’”.

Y la recomendación para su lectura es muy precisa: “Seamos concretos; acudamos a la pedagogía de la pregunta; nada de domesticar el mensaje radical del Reino; estudiemos en este espejo nuestro rostro tanto personal como social; que nuestra visión y nuestra acción sean consecuentes con las noticias liberadoras de Jesús” (J.L. Bailey). Al ser Marcos el primero en presentar este esquema de vida como fruto de una evaluación posterior de los sucesos, las posibilidades narrativas que desarrolla lo llevaron a presentar los acontecimientos de tal forma que es posible apreciar, a medida que se le acompaña en la lectura, los conflictos que enfrentó Jesús. Él se decidiría a abandonar sus precarios límites de seguridad y optar por una ruptura definitiva con el orden establecido y asaltar el corazón del país con su mensaje de arrepentimiento y transformación.

Entre varias, cuatro realidades (o conceptos) extraídos de este evangelio desde América Latina, son particularmente relevantes para releer el camino de Jesús: el proyecto histórico de Dios en Jesús, la conciencia mesiánica, la clandestinidad del movimiento de Jesús y el horizonte político de la misión.

La crisis de Jesús y sus discípulos antes de dirigirse a Jerusalén

En ese sentido, hay un momento relevante de decisión en la historia de Jesús de Nazaret, que va a determinar el rumbo de sus acciones: la llamada “confesión mesiánica” de uno de los discípulos de Jesús, precisamente aquel cuyas memorias se supone utilizo Marcos para redactar el evangelio (Mr 8.-27-30). Es uno de los momentos climáticos de la historia, pues a partir de allí Jesús empezó a anunciar su destino final: el martirio. Es la ruptura definitiva con el sistema, pues ahora abandonará la clandestinidad y el secreto para centrar su acción en la manifestación abierta de los propósitos de Dios: establecer su Reino entre los seres humanos, a contracorriente de los poderes políticos y espirituales que oprimen, marginan y deshumanizan. El proyecto de Jesús se manifestaría abiertamente desde ese momento y ya no habría margen para dar marcha atrás. De ahí las preguntas expresas: “¿quién dicen los demás que soy yo?”, “¿para ustedes quién soy yo?” y “¿están dispuestos a seguir conmigo a pesar de la cruz en el horizonte?”. La respuesta casi inmediata de Pedro no consideraba suficientemente los alcances del mesianismo de Jesús ni sus características diferenciales, pues sólo estaba dicha en clave de poder: “Tú eres el Ungido” (Mr 8.29): él mismo tendría que clarificarla (Mr 8.30-31).

Semejante claridad en el proyecto renovador de Jesús no le impidió darse cuenta del grado de oposición al que llegaría al confrontarlo con el proyecto oficial, definido desde Roma e impuesto con la fuerza de las armas. La fuerza del proyecto de Jesús, viniendo de Dios, sería la de la fe comunitaria dispuesta a compartir los bienes necesarios para la vida y no la aceptación pasiva de las migajas de los poderosos. El anuncio de su muerte no era una especie de fatalismo, pues Jesús no quería morir irresponsablemente, más bien se dio cuenta y supo leer las consecuencias de su llamado a la conversión hacia una sociedad igualitaria y solidaria (Mr 9.30-32; 10.32-34). Estuvo dispuesto a afrontar dichas consecuencias y advirtió a sus seguidores/as acerca de las dimensiones de esta lucha por el cambio en todos los niveles de la existencia humana.

El camino de Jesús y sus implicaciones para hoy

Tales consecuencias han sido reducidas muchísimo con el paso del tiempo, pues el impulso radical de transformación de la acción del movimiento de Jesús ha penetrado en diversos ambientes y se ha uniformado, transformado o domesticado. El referente principal de Marcos, la lucha de Jesús por mejorar las condiciones de vida de sus contemporáneos, sigue vigente hoy mientras se siga repitiendo el patrón de conducta de los poderosos y los sometidos: los primeros, en su afán por mantener sus privilegios, acudirán a la fuerza en todos sus niveles para mantener el régimen que los beneficie a ellos. Los segundos, sumidos en la desesperación y la pasividad, requieren factores de movilización que los levante y les otorgue el valor, en los dos sentidos, de coraje y valía psicológica y social para asumir el control de su vida y destino. Jesús sigue llamándonos a confesarlo como Mesías, pero no sólo de dientes para afuera, sino mediante el compromiso ético, espiritual y práctico de construcción de nuevas relaciones entre Dios y la humanidad, y de la humanidad consigo misma.

El camino de Jesús hacia el martirio, pasó, positivamente, por el esfuerzo de demostrar, en el acompañamiento a los más afectados por las políticas oficiales, que es posible vivir dignamente, de otra manera, en el entendido de que el amor de Dios rebasa todo lo impuesto por la iniquidad y el orgullo de los grupos humanos. Según ellos, se han adueñado del favor de Dios y son los verdaderamente escogidos para disfrutar sus beneficios. Contra eso se levantó Jesús y vivió las dos etapas necesarias: la de la clandestinidad solidaria y la del martirio público como denuncia de la maldad propia del sistema en el cual vivió y que finalmente lo llevaría a la muerte, en la forma más ignominiosa de su tiempo.

Conclusión

El camino de Jesús no fue un sendero lleno de flores o cosas solamente agradables. Para él, obedecer al Padre para llevar sobre sí el pecado humano, significó humillarse profundamente para experimentar todos los sufrimientos y así conseguir que el favor de Dios se hiciera presente. Hoy en día, caminar al lado suyo implica asumir la vida como un conjunto de oportunidades de amor y servicio, para que, en el mejor espíritu, se aprecien las exigencias de practicar la fe y la justicia. Los días preparatorios para la conmemoración de su subida a la cruz y su resurrección deberían ser un tiempo para la reflexión profunda en el llamado continuo que hace a sus seguidores para unirse a su destino. Ciertamente, él atravesó un viacrucis, pero eso terminó con su entrada a la derecha del Padre, quien lo honró con un nombre que es sobre todo nombre.

Sugerencias de lectura

  • Rubén Dri, Insurrección y resurrección. La práctica liberadora de Jesús de Nazaret. México, Centro de Estudios Ecuménicos, 1983.
  • Hugo Echegaray, La práctica de Jesús. Salamanca, Sígueme, 1982.
  • José Antonio Pagola, “Coherente hasta el final”, en Jesús. Aproximación histórica. Madrid, PPC, 2007, pp. 348-352.
  • _____, El camino abierto por Jesús. Marcos. Bilbao, Desclée de Brouwer, 2011.
  • Eliseo Pérez Álvarez, Marcos. Minneapolis, Augsburg, 2007 (Conozca su Biblia).