Isaías 2.1-5

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| November 30, 2020

Vengan, pueblo de Jacob,

caminemos a la luz del Señor!

Isaías 2.5, La Palabra (Latinoamérica)

Trasfondo bíblico

El pueblo que a oscuras caminaba

vio surgir una luz deslumbradora;

habitaban un país tenebroso

y una luz brillante los cubrió.

Estas famosas palabras de Isaías 9.2 han acompañado siempre las celebraciones de Adviento y Navidad. También es cierto que su trasfondo y, sobre todo, la intensidad poética y metafórica que traslucen no han sido suficientemente percibidos a la hora de relacionar las esperanzas mesiánicas del antiguo Israel con la necesidad actual de relanzar tales esperanzas con la forma en que fueron interpretadas en el Nuevo Testamento. Y es que la gran metáfora de la luz, como aparece en tantos lugares del libro de Isaías, es el vehículo de una percepción religiosa y espiritual que trasciende las épocas. De esta manera, seguir el “camino de la luz” en la reconstrucción de la esperanza del pueblo en ese libro profético permite comprender las transformaciones que su autor anunció que sucederían en medio de él, como parte de un auténtico proceso de iluminación colectiva. La gran metáfora de la luz aparece con un profundo significado de orientación y guía ante los riesgos que la comunidad de fe enfrentaba en medio de circunstancias difíciles de manejar por causa de las manifiestas debilidades de los gobernantes y de su notable incapacidad para conducir el destino de una nación peculiar.

La oscuridad que acecha al pueblo

La constatación de que el pueblo se encontraba en una condición de “oscuridad” es una constante en la primera parte del libro, motivo por el cual el anuncio profético está dominado por la ansiedad de que el pueblo abra los ojos y abandone su ceguera (6.9). Isaías está comprometido con promover un cambio y una conversión profundos y para ello presenta, en el cap. 2, una mirada idealizada de lo que debería ser “el monte de Jehová” mediante la proyección de la esperanza de superación de la condición tan terrible en que había quedado el pueblo en el transcurso de los diversos gobiernos monárquicos. Subir al monte Sión es seguir creyendo en la vocación original de Israel de ser vocero de la ley divina (2.3). La morada escogida de Dios centraliza la fuente de revelación para todas las naciones de la tierra quienes esperan en ella la orientación y la revelación de Dios. Ese espacio de gracia universal funcionaría para los demás pueblos como un lugar de reunión en el que la acción de Dios sería recibida de forma específica por cada uno.

Allí es donde Él realizará el juicio sobre las naciones y aplicará toda la fuerza de su justicia (2.4a) y, además, sucederá que los criterios militares y de violencia con que se han conducido se transformarán en una nueva manera de vivir, basada en la paz y en la búsqueda de bienestar para todos (2.4b). La preocupación esencial será conseguir manutención para cada persona y criatura, en vez de seguir pensando en la guerra y en la destrucción, tan presentes al momento de redactarse estos textos: “El monte maravilloso, a través de la ley y la palabra, impone un orden humano de justicia, y por la justicia establece la paz. Gobierno justo, paz internacional, desarme. Los instrumentos de guerra se transforman en herramientas del progreso pacífico” (L. Alonso Schökel y J.L. Sicre Díaz).

La luz de Dios guiará a su pueblo

Pero, sobre todas las cosas, la necesidad fundamental para el pueblo de Dios es tener a su alcance la claridad y el rumbo adecuado que únicamente le podía proporcionar la luz de Yahvé. Ésta se vuelve sinónimo de certeza y superación de la ceguera tan negativa que lo agobiaba a la hora de tomar determinaciones sobre lo que debía hacerse en todas las esferas de la vida. La presencia de la oscuridad, de la injusticia, producía una “nostalgia de la luz divina”, de la diafanidad con que los mandamientos de la ley podían y debían cumplirse para mostrar los alcances de la grandeza del Señor. Isaías no esconde su ansiedad por que el pueblo y los gobernantes pudieran alcanzar un grado de claridad mínimo para conducirse según el designio divino.

Al horizonte mesiánico tan bien desplegado en capítulos posteriores le precede una fuerte crítica del comportamiento social desde arriba hacia abajo, y viceversa. La voz profética no cesó de advertir que la esperanza, para establecerse sólidamente, debe estar fundamentada en una actitud de auténtica fe y fidelidad. El destino inmediato del pueblo sería sumamente doloroso y deprimente, y únicamente una clara conciencia de la relación con Yahvé podía sostener a la gente ante lo que vendría posteriormente.

Conclusión

Dios se haría presente para doblegar la arrogancia humana y para seguir conduciendo la historia por los senderos que Él ya había determinado. De modo que los cauces mesiánicos por los que sería llevada la fe del pueblo se irían manifestando a través de situaciones nunca previstas por las instituciones establecidas que pensaron que nunca llegarían a su fin. La primera parte del libro profético es una cadena de anuncios en los que la luz divina es presentada como el sustento de la posibilidad de una existencia comunitaria e individual plena en medio de las peores circunstancias. Esa misma luz podemos buscar hoy en medio de los acontecimientos que vivimos cuando las exigencias de sobrevivencia reclaman una actitud receptiva por parte de las personas y las diversas sociedades. Ante los reclamos de justicia, equidad y respeto de los derechos de los seres humanos más vulnerables, la luz divina aparece en el horizonte como una sólida posibilidad guiada por la fe para hacer frente a la oscuridad que simboliza la permanencia de situaciones hostiles para la vida y la convivencia pacífica. Lo que se afirma en el Adviento y la Navidad es que la luz de Dios viene de lo alto a iluminar los aspectos más negativos de la existencia y cuyo anuncio abre puertas firmes para asumir la realidad con esperanza.

Sugerencias de lectura

  • Luis Alonso Schökel y José Luis Sicre Díaz, I. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1980.
  • Jesús M. Asurmendi, Isaías 1-39. Estella, Verbo Divino, 1981 (Cuadernos bíblicos, 23).
  • José S. Croatto, Isaías 1-39. Buenos Aires, La Aurora, 1989.