Isaías 42.1-7

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| October 5, 2020

Esto quiero de ti:
que abras los ojos de los ciegos,
que des libertad a los presos,
y que hagas ver la luz
a los que viven en tinieblas.

Isaías 42.7, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo bíblico e histórico

Ante cada nueva conmemoración de la Reforma Protestante, es bueno preguntarse por qué los énfasis más radicales de la misma son los que menos han trascendido en la historia de la iglesia. Acaso se deba al hecho de que tales énfasis estuvieron ligados a los aspectos del Nuevo Testamento que mayores demandas le hacen a la fe, al testimonio y a la misión. Nos referimos al Sermón del Monte especialmente, el cual fue leído e interpretado por las comunidades anabautistas (o menonitas) de manera casi lateral, al mismo tiempo que estos grupos de creyentes rechazaron cualquier forma de negociación con los poderes establecidos. En 1525 dio inicio a lo que se conoce como “Reforma radical”. La vida y obra de Thomas Müntzer (1489-1525) definieron el perfil de este movimiento, derivado de una sólida lectura de las enseñanzas de Jesús en los cuatro evangelios. Todo esto está narrado en La Reforma radical, de George H. Williams (1983). De allí proceden estas palabras:

…los radicales, especialmente los anabautistas, tomaron muy en serio la instrucción de Jesús (en el evangelio de San Lucas 12.11-12), depositaron su confianza en el Espíritu Santo para que éste pusiera en su boca, en momentos de crisis, las palabras que había que decir ante los tribunales ante los eclesiásticos inquisitoriales. Pero esta confianza no les impidió dedicarse intensamente al estudio de las Escrituras como preparación para el momento crucial.

 El Siervo de Dios en IsaíasPero los antecedentes de los énfasis liberadores del evangelio provienen directamente de los profetas del Antiguo Testamento, particularmente de diversas secciones de la segunda parte del libro de Isaías, caps. 40-55, en donde se perfila muy bien la figura de un “Siervo sufriente”. Su labor mediadora, crítica y renovadora no deja margen a dudas sobre la función que debía desempeñar el pueblo de Dios en la historia de su tiempo, con fuertes proyecciones hacia el futuro inmediato e incluso más allá. Los llamados “Cánticos del Siervo” (Isaías 42.1-9; 49.1-6; 50.4-11; y 52.13-53.12) son poemas o manifiestos que describen anticipadamente la acción de ese enviado divino como un “liberador” de todas las formas conocidas de opresión.

A partir de la experiencia del éxodo antiguo, esos textos actualizaron esa experiencia al confrontarla con los acontecimientos posteriores de la historia de Israel, sobre todo los relacionados con el fin de la monarquía, el exilio y las posibilidades del regreso a la tierra de Canaán. Situarse de una manera genuinamente liberadora ante ese contexto de crisis y esperanza era el gran desafío de los creyentes de la época. Se trataba de descubrir los nuevos elementos esperanzadores para cambiar la situación desde la raíz misma del problema: la ausencia de libertad para decidir sobre su destino. Nada menos.

Jesús, el Siervo liberador

La forma en que los aspectos liberadores de la profecía bíblica fueron asumidos por los autores del Nuevo Testamento pasa directamente por la interpretación de Jesús como el Siervo Sufriente y fue reforzada por el episodio de la lectura de Isaías 61 en Lucas 4. Esta bifurcación permite relacionar el mensaje de los Cánticos con la manera en que Jesús se apropió del pasaje de Isaías. Si en el caso de los primeros, Jesús vino a encarnar en plenitud la labor que originalmente estaba destinada para todo el pueblo, en el caso del cap. 61 no queda la menor duda de que se aplicó a sí mismo la tarea liberadora del enigmático personaje que habla ahí. En ambos casos, los textos apuntan hacia el regreso y la reconstrucción del pueblo, lo que se avizoraba como un trabajo sumamente complejo, especialmente al momento de confrontarse con los imperios de turno. Llama mucho la atención que en Isaías 41.2-5 se habla de una forma tan alentadora del rey medo-persa Ciro, quien es presentado como un auténtico verdugo en nombre de Yahvé. En ese capítulo, una verdadera cascada de promesas a favor de Israel, se prepara el camino para el anuncio del Siervo de Yahvé, quien hará un trabajo liberador pleno al servicio de los oprimidos.

Este siervo se concentrará en la defensa de los débiles: “Al contrario, fortalecerá a los débiles / y hará que reine la justicia” (42.3b). Su labor consistiría en “establecer la justicia en la tierra” (v. 4a) y en hacer universales las enseñanzas de Dios (4b). Sería una luz que ilumine a todas las naciones (6b), tal como lo resume el biblista puertorriqueño Samuel Pagán:

La misión del Siervo de implantar la justicia pone de relieve un componente prioritario del mensaje deuteroisaiano [caps. 40-55] y subraya decididamente un aspecto protagónico en la enseñanza bíblica. Un poema biográfico o autobiográfico, este primer Cántico presenta el fundamento misionero de las personas que desean contribuir a la paz: la misión del Siervo desafía a las personas de bien a que trabajen para la implantación de la justicia, que ciertamente no es una tarea hipotética ni una labor teórica; alude, en efecto, al establecimiento real de las estructuras sociales, políticas, educativas y espirituales necesarias para el disfrute pleno de la vida.

Conclusión

Se trataba de actuar radicalmente en medio de las enormes carencias sociales, es decir, de implantar un “programa restaurador que afirme los valores y principios” basados en la voluntad bienhechora de Dios para todos los seres humanos. Inmediatamente se anuncia el conjunto de acciones liberadoras que el Siervo llevaría a cabo: “Esto quiero de ti: / a) que abras los ojos de los ciegos, / b) que des libertad a los presos, / y c) que hagas ver la luz / a los que viven en tinieblas” (7). Este gran programa restaurador de la justicia en la vida del pueblo fue la respuesta a la gran ansiedad ocasionada por la falta de claridad histórica en el destino de quienes habían salido al destierro e ignoraban cuál sería el plan de Dios para ellos. Tal como concluye Pagán al trasladar el compromiso liberador del Siervo de Dios a las comunidades cristianas actuales:

Los creyentes y las iglesias heredamos esta misión del Siervo y trabajamos por el establecimiento de la justicia y la paz en el mundo. Nuestra vocación se fundamenta en la elección divina, y Dios nos ha dado de su Espíritu para que llevemos a efecto ese ministerio transformador. El “contentamiento divino” es el resultado de la fidelidad a la misión; es también el fruto del compromiso humano con los valores divinos que el Siervo promulga y promueve.

Sugerencias de lectura

  • Samuel Pagán, Experimentado en quebrantos. Estudio en los Cánticos del Siervo del Señor. Nashville, Abingdon Press, 2000.
  • Claude Wiener, El segundo Isaías. El profeta del nuevo éxodo. 2ª ed. Estella, Verbo Divino, 1980 (Cuadernos bíblicos, 20).
  • George Williams, La Reforma radical. México, Fondo de Cultura Económica, 1983.