Isaías 61.1-11

Leopoldo Cervantes-Ortiz

| May 24, 2021

El espíritu del Señor Dios me acompaña,
pues el propio Señor me ha ungido,
me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres,
a vendar los corazones destrozados,
a proclamar la libertad a los cautivos,
a gritar la liberación a los prisioneros,
a proclamar un año de gracia del Señor

Isaías 61.1-2a, La Palabra (Hispanoamérica)

Trasfondo bíblico

El esquema trazado por Isaías 61.1-7, tal como fue interpretado por el propio Jesús en la sinagoga de Nazaret, es un auténtico programa de trabajo y misión para la iglesia de hoy. Las circunstancias referidas por el texto profético, ancladas en el contexto de una sociedad lastimada por el destierro, pero que también vislumbraba un futuro de renovación y esperanza, aparecen en el horizonte de hoy con una fuerza inusitada. Ello es así porque la descripción de la labor del profeta delineada en esas palabras tan puntuales apuntaba hacia una acción del Espíritu divino empeñado en ofrecer “buenas noticias” a un pueblo que había comenzado a reconstruirse.

Este capítulo es una unidad textual, que comienza y concluye con la mención solemne del nombre divino “Señor mi Dios” —Yahvé Adonai en hebreo— y se divide en tres secciones. En la primera (Is 61.1-3a) el profeta expresa en primera persona el sentido de su vocación. La segunda sección (Is 61.3b-9) se refiere al pueblo y se puede considerar pronunciada por el Señor, aunque esto es evidente solamente a partir de Is 61.8. La tercera sección (Is 61.10-11) es una declaración de alegría, probablemente de Jerusalén misma, que concluye con una comparación de tipo sapiencial (Horacio Simian Yofre).

El empeño del proyecto divino

De ahí que una lectura espiritual e individual de este texto no alcance a expresar la intensidad del empeño de Dios por reconstruir completamente a su pueblo, a pesar de que ya no existiría históricamente como una nación. La pérdida del territorio, de la soberanía nacional y de las instituciones que caracterizaron al Israel político de entonces, no estaba en contradicción con la recuperación del estatus de pueblo elegido. Más allá de esas situaciones materiales con las que ya no se contaría del todo, la profunda reconstrucción en la que debía participar el profeta apuntaba a resolver los problemas existenciales de esa generación de creyentes, plagada de pobreza, de “corazones destrozados” y de pérdida de la libertad. Una verdadera crisis espiritual y humana, muy parecida a esta época en la que se habla de “crisis humanitarias” en diversas partes del mundo.

El encargo que recibe el profeta es muy concreto: se trata de ser un auténtico “evangelista” que anuncia buenas noticias, tal como lo refiere Is 52.7, alguien

que cura, consuela y alegra a los afligidos habitantes de Sión, el que proclama la liberación de los prisioneros (nótese cómo esta última acción se expresa con dos frases sinónimas). Destinatarios de su mensaje son los pobres, condición que implica al mismo tiempo pobreza física, opresión, humildad y dulzura. Los cautivos a los cuales se anuncia la liberación podrían ser todavía los residentes en Babilonia, si el texto ha sido compuesto y pronunciado en los primeros años del retorno (H. Simian Yofre).

El cumplimiento de la consolación

Si, además del contexto señalado, el profeta se refería a una situación de injusticia originada por las tensiones entre los israelitas que volvían del exilio y los habitantes que habían quedado en Jerusalén, la tarea era más abarcadora y exigente. “La consolación de los afligidos es el cumplimiento de la misión a la cual se aludía desde Is 40.1. Los afligidos son, en el lenguaje bíblico, los que hacen duelo por una desgracia personal, como la muerte de un ser querido. Esto explica la imagen de la ceniza”.

Los vv. 3b-11 muestran las consecuencias de la reconstrucción realizada por Dios: el lenguaje habla de una restauración radical de las ciudades (4) y del trabajo (5). Pero lo más notable es la transformación del pueblo en un conjunto de sacerdotes y ministros de Dios (6), es decir, de personas responsables absolutos de su fe y de su destino (“ciudadanía responsable”). El retrato final del pueblo es el de un espacio comunitario donde prevalecerá la justicia como signo y señal del pacto eterno de Dios con su pueblo (8-11). Esos son los alcances de la consolación profética y actual.

Conclusión

“El texto concluye con el reconocimiento agradecido del pueblo. La ciudad personificada habla en primera persona singular y expresa su alegría. El Señor, que se revestía de liberación y venganza, indignación y salvación para acudir en socorro de su pueblo (Is 59.17), concede ahora a su ciudad los vestidos de la salvación y liberación (Is 61.10). La seguridad de la ayuda del Señor se expresa finalmente con la imagen vegetal de la fecundidad” (H. Simian Yofre). La reconstrucción que representó el anuncio de este mensajero sin nombre a las personas compungidas y abatidas por la situación histórica vivida vino a cumplir las promesas antiguas acumuladas que anticipaban el horizonte futuro del pueblo de Dios. Avistar su cumplimiento en medio de los acontecimientos tan complejos formó parte del contenido de la fe del pueblo en las nuevas circunstancias que viviría más tarde. Tal como lo sintetizó Rafael Pola Baca:

¿Qué promesas estructuran la experiencia de Israel? En el anuncio: buenas nuevas y liberación, año de favor y día de venganza, doble porción, alegría eterna. En el mensajero: ungido, vestido con ropas de salvación, como un novio con diadema resplandeciente y una novia adornada con sus joyas. En el sujeto, Yahvé, el gran actor de la salvación, su verdad-bondad es su amor por la justicia y su odio por la iniquidad, fiel a su pacto. En la nueva condición, la plenitud del Shalom, Israel también espera la restauración de su vocación como pueblo: ser una nación de sacerdotes, reconstruir la ciudad con un nombre nuevo, reparar sus muros, restaurar su sentido, sus símbolos, su tarea histórica.

Sugerencias de lectura

  • José S. Croatto, Imaginar el futuro: estructura retórica y querigma. Isaías 56-66. Buenos Aires, Lumen, 2001.
  • Rafael Pola Baca, Profecía y crónica en el tercer Isaías, Esdras y Nehemías: hermenéutica bíblica en la literatura del Israel del post-exilio. Tesis de doctorado en Filosofía. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2016, http://132.248.9.195/ptd2016/noviembre/0753316/Index.html.
  • Horacio Simian Yofre, “Isaías”, en Comentario al Antiguo Testamento. II. Madrid, Atenas-PPC-Sígueme-Verbo Divino, 1997.