Lucas 2

Leopoldo Cervantes-Ortiz

NAVIDAD | December 19, 2017

NAVIDAD, ENCARNACIÓN Y SITUACIÓN HUMANA

Mientras estaban en Belén, a María le llegó la hora de tener su primer hijo. Como no encontraron ningún cuarto donde pasar la noche, los hospedaron en el lugar de la casa donde se cuidan los animales. Cuando el niño nació, María lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre.

Lucas 2.6-7, Traducción en Lenguaje Actual

Con la mirada puesta en Jesucristo, es indiscutible que la divinidad de Dios, lejos de excluir, exige su humanidad. K. BARTH

Trasfondo bíblico

La encarnación de Dios en la historia es el elemento fundamental de la fe cristiana, pues expresa la disposición divina por participar directamente de la situación humana, por comprometerse radicalmente con la existencia y sus problemas. Resumida como “la humanidad de Dios”, por el teólogo y pastor reformado suizo Karl Barth (1886-1968), manifiesta cómo Dios no se conformó con seguir los sucesos humanos únicamente como espectador sino que decidió ser protagonista real, eso sí, desde las márgenes de la historia, aun cuando eso implicara tener que partir desde cero, desde el anonimato. Como escribió Gustavo Gutiérrez, siguiendo de cerca a Barth: “El que parte del ‘cielo’ es sensible a aquellos que viven en el infierno de este mundo….En efecto, un auténtico y profundo sentido de Dios no sólo no se opone a una sensibilidad al pobre y a su mundo social, sino que en última instancia ese sentido se vive sólo en ellos…”.

La Navidad como gran acción divina

Dios tomó la iniciativa para que, a partir de la existencia concreta de Jesús de Nazaret, su acción pudiera ser vivida como una ascensión, aunque no a los lugares privilegiados del mundo. La encarnación es la acción básica del movimiento de Dios hacia el mundo. Como ha escrito el anterior arzobispo de Canterbury, Rowan Williams: “Y la Navidad es, sobre todo, la historia de un Dios que no está interesado en hablarnos acerca de principios. Primero viene la acción, Dios comenzando a vivir una vida humana. Luego viene el llamado: ¿amas y confías en lo que ves en esta vida humana, la vida de Jesús? Y más adelante, las implicaciones: cada uno es capaz de aceptar este llamado, aunque nadie es indispensable”.

Para Dios lo primero es la acción y después los principios, las explicaciones racionales, sesudas, minuciosas, como la mayor parte de las veces en la vida. Dios no procede según esquemas dominados por la razón matemática: su actuación responde más a la pasión que le ocasiona ver el mundo necesitado de recursos espirituales y valores puestos en marcha. La vieja historia de la Navidad, cuyos detalles se han convertido en una escenografía más para envolver nuestros buenos deseos, según los presenta hoy la fiebre del consumismo, cuenta la manera en que el Dios eterno decidió ingresar a la historia humana para producir cambios efectivos. Agrega Williams:

El Dios de la historia navideña (y del resto de los Evangelios) no se relaciona con nosotros sobre la base de alguna teoría sino a partir del amor incondicional. Ese acto de amor libre hacia la humanidad entera cambió las cosas, aun para aquellos que no compartieron ni comparten las creencias y doctrinas del cristianismo. Y para aquellos que comparten estas convicciones, amar a Dios y a los demás es un desafío de todos los programas y principios diseñados para preservar solamente el bienestar de personas como nosotros.

Dios asume la incomodidad como consigna, pues su entrada a este mundo acontece por la puerta trasera, justamente allí adonde nadie quiere estar, pues nuestros pesebres y establos de hoy son de utilería para impedir que las cosas se vean cómo realmente fueron. De modo que hoy se trata, también, de discernir entre las diversas navidades: la del César, la de los pastores y ángeles, la de la gente sin recursos o la que presentan la tecnología y el dinero. Siempre fuimos llamados a practicar esta distinción, aunque la pospongamos indefinidamente porque urge más conseguir las envolturas de los regalos en turno. Como lo expresa la nostalgia de Inés Riego de Moine:

Yo quisiera un Dios que me consolara tanto por la poquedad de mi vida como por la abundancia de maldad de una humanidad capaz de generar muerte, dolor y hambre en el desvalido rostro del prójimo burlando la inviolabilidad del mandato universal al amor, aunque el misterio del mal en el mundo me enterrase antes de poder descifrar su sombrío designio.

Yo quisiera finalmente un Dios a quien pudiera mirar a los ojos, un Dios personal, cuya existencia personalísima descubriría en mi interior gracias al increíble acontecimiento de haberse abajado a la condición humana, para tomar contacto directo conmigo, demostrándome así la humildad de su presencia y la infinitud de su amor. En ese Dios cuyo amor me cautiva y me transforma absolutamente, aunque yo no le corresponda en su altura amorosa, quiero yo creer y quisiera invitarte a creer. Un Dios que ha querido hacerse niño para poder mirarnos “al nivel de los ojos” y proponernos en esa mirada un puente para salir de la soledad, la desesperación y el abandono.

En esta Navidad la luz de la eternidad nos acaricia el rostro para ya no dejarnos, ¿puede haber un gozo mayor?

El turno de Belén: historia maravillosa y realidad humana

Acaso un recurso literario más o menos vigente todavía en nuestros días podría ayudarnos a profundizar en la manera que los evangelistas Mateo y Lucas narraron los sucesos de la Navidad original al mezclar la vida cotidiana con algunos sucesos extraordinarios. Se trata de lo que algunos denominan “realismo mágico” y otros “lo real maravilloso”. Este recurso se aplicó sobre todo a ciertos relatos y novelas del llamado boom latinoamericano y especialmente se puede apreciar en algunas obras de Gabriel García Márquez y Alejo Carpentier, aunque también está presente en Juan Rulfo. Se desarrolló ampliamente en las décadas de los 60 y 70, como resultado de las discrepancias entre dos visiones que convivían en América Latina en ese momento: la cultura de la tecnología y la cultura de la superstición. Se le puede definir como la convivencia natural, en una misma realidad, de elementos maravillosos y realistas. Así, por ejemplo, en Cien años de soledad, la obra más famosa de García Márquez, el cielo se llena por completo de mariposas amarillas o el personaje Remedios la Bella sube al cielo. Esta combinación muestra cómo la familiaridad con lo extraño o lo sobrenatural forma parte de la conciencia humana en determinadas circunstancias y que la fe abre ventanas para apreciar la realidad de otra manera.

En el caso de Lucas, desapegado del cumplimiento puntual de las profecías a cada paso, las cosas apenas comenzaron a cambiar, puesto que la cadena de acontecimientos que iban contra la normalidad hizo escasa mella en los enormes problemas sociales que rodearon al nacimiento de Jesús. La Navidad original no tuvo los reflectores con que cuenta hoy: se trató de una historia muy pequeña dentro de un conjunto de realidades que acontecieron al mismo tiempo y cuya profundidad fue apreciada por muy pocas personas, especialmente por los dueños del poder y del control. En Mateo, uno de ellos fue Herodes “el Grande”, quien supo leer los signos de los tiempos en la única clave que le importaba: política y fe, una combinación siempre explosiva. Herodes era parte del sistema de poder para el que la maravillosa historia de la Navidad no significaba más que un peligro. Esta forma de respuesta a la situación impuesta por el Imperio Romano implicaba que la toma de partido por parte de Dios desencadenaría una serie de sucesos para responder desde abajo a las imposiciones del sistema. Eso sucedería a través de algunos conflictos, pues la historia de la Navidad está llena de detalles que reproducen la historia de Israel, especialmente el esquema persecución-éxodo-retorno. Jesús, desde sus más tierna infancia debió recorrer el camino de su pueblo para presentarse como nuevo libertador. Era el turno de Belén, el lugar del recuerdo del poder para instalar este poder de signo distinto en la historia y así poder refutar las acciones de los poderosos.

La primera parte del relato (Lc 2.1-7) es sumamente breve y mezcla elementos histórico-políticos con los sucesos específicos del nacimiento de Jesús. El “realismo mágico” inicia en el v. 8 cuando los ángeles hablan con los pastores y anuncian la llegada de “un Salvador”. La señal no es un suceso maravilloso: es la constatación de la necesidad extrema, la urgencia y la contradicción: ¡el Ungido aparece acostado en un pesebre! Los vv. 13 y 14 son el resumen de lo maravilloso: los ángeles expresan en el cielo los buenos deseos de Dios, justamente lo que Roma ya había impuesto por la fuerza de las armas: la paz, que en el mensaje angelical no es para todos sino para las personas de buena voluntad. La salvación comienza a gestarse, como bien lo subraya el texto acerca de María, “en el corazón” (v. 19). El v. 15 ya ha sido un difícil retorno a la realidad material, ajena a los prodigios celestiales: el regreso a la realidad es a veces lo más difícil, pero ellos “regresaron” a la cotidianidad para encontrarse allí también con las acciones de Dios, lo mismo que se nos pide hoy, viviendo con esperanza en medio de todas las cosas que la desafían.

Conclusión

El desafío para hoy no es esperar que acontezcan sucesos extraordinarios, sino más bien, fortalecer la esperanza cristiana para que sea capaz de atender el llamado de un Dios que no se dudó en hacerse pequeño en la figura de Jesús, para así acercarse definitivamente a la humanidad. Los “sentimientos navideños” y la festividad en sí deben promover el significado más profundo de lo que Dios hizo y sigue haciendo en medio del mundo. Tal como concluye Barth:

¿Y ahora? ¿Podemos continuar ahora […] en la distracción, en la incredulidad, tal vez con un par de hermosos sentimientos navideños? ¿O hemos de fijarnos ahora nuestra atención y ponernos de pie, levantarnos y convertirnos? El ángel del Señor no fuerza a nadie […] Un oyente forzado por la historia de Navidad y una participación forzada en esta historia, que es nuestra propia historia, no sería nada. Se trata de un escuchar libremente esta historia y un participar libremente en esta historia.

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